
Hubo un tiempo en el que cada pueblo tenía sus propios sabios.
Gente sencilla, sin títulos rimbombantes ni diplomas que colgar en las paredes. Gente que, sin saberlo, cargaba sobre sus hombros el peso de la memoria colectiva
Eran ellos los que tenían las respuestas cuando las preguntas venían cargadas de polvo y olvido.
¿Qué fue de aquel pariente que emigró a Argentina? ¿De donde viene el nombre de este lugar? ¿Qué secretos esconden los apellidos que llevamos pegados a la piel como una herencia?
Jesús Perdomo Ramírez es uno de esos sabios. Uno de los pocos que todavía quedan en los pueblos.
Un hombre curioso hasta la médula, con ese tipo de inquietud que lo empuja a buscar en lo que otros han dejado de mirar.
Un autodidacta que ha hecho de los árboles genealógicos su mapa del tesoro.
Con la paciencia de un relojero y el respeto de un arqueólogo, Jesús ha desenterrado los orígenes de muchos apellidos comunes de la isla de Lanzarote.
Es una enciclopedia viva, un testigo que guarda en su memoria las historias que el tiempo no ha logrado borrar.
Tanto es así que la Junta de Cronistas de Canarias lo ha reconocido como Memorialista… lastima que los reconocimientos siempre vengan de fuera.
Pero lo que realmente distingue a Jesús no es solo lo que sabe, sino lo que hace con ese conocimiento.
No se guarda nada, porque entiende que el saber, si no se comparte, no vale gran cosa.
Siempre está dispuesto a resolver una duda, a reconstruir un relato, a tender un puente entre el pasado y quienes lo miran con ojos nuevos.
Porque, al final, ¿qué sería de nuestros municipios sin estas figuras?
Sin estos sabios que, entre líneas y relatos, nos enseñan que nuestra historia es más que pasado.