Blog

  • Venezuela.

    Ayer me preguntó una compañera de trabajo por qué no había escrito nada sobre lo ocurrido en Venezuela.

    Le respondí que muchas veces opinar rápido suele salir caro.

    Al principio todo se presenta de forma sencilla: blanco o negro, buenos y malos.

    Pero el tiempo —que suele ser el único juez fiable— introduce el gris. Mucho gris.

    Desde fuera es fácil hablar de legitimidad o de ilegalidad. Desde dentro, los países no se mueven por valores, sino por intereses.

    No es cinismo. Es la lógica desnuda del poder y la constante de la historia.

    Ningún sistema cae de un día para otro, tiene su proceso.

    Se degrada. Se retuerce… y finalmente se derrumba.

    El poder, como la fruta, cuando se pasa de madura, no cae. Se pudre.

  • Aterrizar.

    Esta foto se hizo el último día de 2025.

    Un avión de EasyJet aterrizando en Lanzarote, entrando desde el norte.

    Impresiona verlo tan bajo, cruzando la circunvalación a pocos metros de los coches.

    Ahí entiendes de verdad lo que significa aterrizar.

    Y me gusta esa palabra. Mucho.

    Porque aterrizar no es fracasar.
    Es tocar suelo.
    Es dejar de imaginar y empezar a pisar.

    Vivimos tiempos raros. Inciertos. Cambiantes.

    Y cuando todo se mueve, lo inteligente no es volar más alto,
    sino asegurarse de tener los pies bien puestos en el suelo.

  • Esther.

    Siempre me ha gustado la frase de: «algo debe tener el agua cuando la bendicen«, porque al final habla de resultados.

    Al ver, hace apenas unos días, cómo Esther Cabrera era reelegida presidenta de la Asociación del Transporte Turístico de Lanzarote (ASTRATUR), la frase volvió a cobrar sentido. 

    No por costumbre, sino por merecimiento.

    Esther ha sido pionera, pero sobre todo ha sido eficaz. 

    Ha puesto a la mujer en el centro de la toma de decisiones en Lanzarote desde la gestión real, la que implica riesgos, números y responsabilidad.  

    Desde el volante —real y simbólico— de una de las empresas de transporte más importantes de Canarias, ha conducido algo más que una empresa de guaguas: ha movido inercias. 

    Muchas mujeres la toman hoy como referencia porque Esther no fue excepción, fue precedente.  

    No debió de ser fácil. Nunca lo es.

    Pero en un mundo históricamente gobernado por hombres, esta mujer de Tinajo ha demostrado, con hechos la valía y el coraje que definen a la mujer lanzaroteña.

    Y eso, como el buen estilo, no se improvisa: se sostiene.  

  • Lluvia

    Así lucen nuestras plantaciones en Lanzarote.

    La lluvia llegó en Navidad como llegan las cosas importantes: sin pedir permiso.


    Empapó la tierra, la volvió fértil y recordó quién manda aquí desde siempre.


    Si la paciencia no nos falla, 2026 sabrá responder con frutos.

  • Unicef

    Justo cuando la magia de la Navidad empieza a colarse en los ojos de pequeños y mayores, tenemos algo importante que contarte.  

    Aloe Plus Lanzarote acaba de renovar el convenio de colaboración con UNICEF dentro del proyecto Empresas por el Cambio.

    Y no es un gesto simbólico. Es un compromiso real.

    Este proyecto impulsa programas de infancia en más de 150 países, con un foco claro: educación, acción climática y un futuro con más oportunidades.

    Nuestra aportación no se queda sólo en una contribución económica.

    También asumimos la responsabilidad de que cada acción que llevamos a cabo sume a los Objetivos de Desarrollo Sostenible:
    educación, clima y reducción de desigualdades.

    Porque creer en la ilusión está bien.

    Pero trabajar para que todos los niños tengan un futuro digno está mucho mejor.

  • ONU Turismo

    ¿Y Canarias, qué?

    Acabo de leer en Tourinews que el Gobierno de España va a pedir que Euskadi y Cataluña entren como miembros asociados de la ONU Turismo. Estupendo.

    De verdad. Bravo por ellos. Es un notición y se lo han ganado.

    Ahora bien.
    La pregunta que quema es otra:
    ¿Por qué no se ha pedido lo mismo para Canarias?

    Canarias no es “un destino más”.
    Es una potencia turística mundial.


    Este año el archipiélago puede rozar los 18 millones de turistas, apenas un millón menos que Cataluña… y unos 14 millones más que Euskadi.

    Un lugar que mueve esas cifras no es un actor secundario: es protagonista, es escaparate y es motor económico de medio continente.

    Nuestros vecinos de Madeira ya son miembros asociados de esta organización. Madeira, con algo más de 2 millones de turistas al año, está dentro porque su gobierno así lo quiso. Y me parece perfecto.

    Pero entonces, ¿qué pasa con Canarias? ¿En qué momento hemos decidido conformarnos con menos de lo que corresponde por peso real en el mapa turístico del mundo?

    Porque no es solo cuestión de números.

    Es la planta alojativa.
    Es la oferta cultural y de ocio.
    Es una gastronomía que cada vez colecciona más premios y reconocimientos.
    Es el talento de la gente que sostiene todo esto, temporada tras temporada, crisis tras crisis.

    Motivos sobran para que Canarias sea un miembro más de la ONU Turismo.

    No queremos favores, queremos jugar en la liga que nos corresponde.

  • Navidad.

    Desde hace unos años hemos decidido celebrar la Navidad donde realmente se entiende lo que somos: en nuestra propia casa. 

    Entre paredes que conocen nuestras dudas, nuestros errores y nuestras pequeñas victorias diarias. 

    No hay mejor escenario para compartir un rato distendido que el lugar donde, cada día, nos ganamos el futuro.

    El punto de encuentro no es casual.

    Es donde la materia se transforma, donde el trabajo silencioso de muchas manos se convierte en productos que hablan de nuestra tierra y de nuestra manera de estar en el mundo. 

    Este año, que está a punto de acabar, cumplimos 18. La mayoría de edad. No solo en años, también en cicatrices y aprendizajes. 

    Hemos pasado de ser un proyecto ilusionado a una empresa adulta. 

    Hemos aprendido a aguantar golpes, a adaptarnos cuando el entorno cambia y a no dejar de creer en lo que hacemos.

    Sin embargo, lo mejor de este camino no son las fechas ni las cifras. Lo mejor ha sido la gente. 

    El equipo humano que ha estado ahí, turno tras turno, día tras día. Ese tesoro invisible que no sale en las etiquetas ni en los folletos, pero que sostiene la casa entera. 

    Gracias a ellos sabemos que, mientras sigamos juntos, siempre habrá un motivo para brindar y un horizonte al que avanzar.

  • Como sabemos que disfrutas descubriendo las cosas nuevas que estamos haciendo en Aloe Plus Lanzarote, prepárate.

    Nuestra ginebra va a cambiar el concepto tradicional del gin tonic.

    Se llama Aloe Gin y nace con un objetivo muy simple: romper la rutina y darle al paladar una frescura que no veía venir.

    No es “otra ginebra”.Es una ginebra con aloe. Con nuestro aloe ecológico. Del cultivo a la botella, sin rodeos.

    Naturaleza convertida en una experiencia líquida.

    Suave. Aromática. Con personalidad.

    De momento sólo está disponible en nuestro museo de Yaiza y pronto en el de Punta Mujeres.

    Exclusiva. Limitada. Y diseñada para sorprender.

    Cuando la pruebes, vas a entender por qué no podíamos esperar más para presentarla.

  • Gacelas.

    Hace unos días me acordé de un libro que leí hace tiempo de Arianna Huffington. La mujer que fundó el Huffington Post. 

    En ese libro hay una metáfora que se me quedó clavada como un post-it mental.
    De esos que no se despegan aunque quieras.

    Dice algo así:

    En la sabana, un león detecta a un grupo de gacelas tranquilas, pastando bajo el sol. El felino se lanza, y la estampida es inmediata: pezuñas golpeando la tierra, polvo en el aire, vida y muerte separadas por un suspiro.

    Finalmente el león derriba a una de ellas —la más lenta, la más distraída, la que tuvo la mala suerte de estar donde no debía— y mientras afila los colmillos para su festín, las demás gacelas dejan de correr y vuelven a pastar

    Ya está… dejan de correr y se detienen.
    Sin terapia.
    Sin darle vueltas.
    Sin arrastrar el susto durante tres meses (o tres años).

    Nosotros no.
    Nosotros seguiriamos corriendo aunque el león esté durmiendo la siesta en otra parte.


    Vivimos con el miedo en el cuello, con la mente en alerta, con el cuerpo en tensión constante.
    Nos agotamos solos.

    Igual toca aprender algo de esas gacelas.
    Parar.
    Respirar.
    Volver a poner la boca en la hierba —o en lo que toque en tu vida— y disfrutar.
    Sin tanto drama.

    Tal vez lo más valiente no sea correr más.

    Tal vez lo más valiente sea detenerse.

  • Busco trabajo.

    Hay empresarios buscando empleados. Y miles de personas buscando trabajo.
    Y no se encuentran.

    Ayer escuché a un ​amigo decir: “cada vez cuesta más encontrar gente que quiera currar”.

    No lo dijo con rabia. Lo dijo con resignación. Como quien ya se cansó de repetirlo.

    En Lanzarote hay más de 12.000 desempleados.

    ¿De verdad nadie ve el absurdo?

    Negocios cerrando antes. Horarios recortados. “No hay personal”.

    O el sistema está roto…
    o está montado para que siga sin funcionar.

    No lo sé con certeza.

    ​Pero si queremos que algo cambie… tendrá que doler.


    Habrá que mover ​ficha, revisar incentivos, dejar excusas y empezar a exigir más, a todos.