
Hoy nos dice Tourisnews que un destino turístico como República Dominicana está tomando medidas preventivas contra el nuevo virus Nipah.
Y me viene a la cabeza que, no hace tanto tiempo, el COVID también era un nombre raro, un virus lejano, una cosa de telediario entre mercados húmedos y mapas de Asia.
Aquí, lo mirábamos con esa arrogancia cómoda de quien cree que las tragedias siempre pasan en otro sitio.
Hasta que pasó aquí.
Y conviene recordar un detalle: el primer caso detectado en España fue en Canarias.
Una puerta de entrada natural, por turismo, por conexión, por geografía. No por culpa de nadie. Simplemente porque el mundo es así: abierto, rápido, global.
Hoy se habla del virus Nipah. Otro nombre exótico para algunos. Otro asunto “de lejos”.
Y no, no se trata de anunciar el apocalipsis ni de vivir con miedo. Se trata de algo mucho más simple y mucho más serio: aprender.
La prevención no es pánico. La vigilancia no es paranoia. La salud pública no es un lujo: es una línea de defensa.
Porque las pandemias modernas no llegan con tambores. Llegan en silencio. En un vuelo comercial. En un despiste.
La llamada a la acción es invertir en detección temprana, reforzar la sanidad y apoyar la ciencia.
No porque Nipah esté aún lejos.
Sino porque si algo nos enseñó el COVID es que lo lejano, a veces, tarda poco en volverse cercano.