
Este viernes actúa en Lanzarote, creo que por primera vez, Juan Luis Guerra, dentro del festival Lava Live.
Las primeras canciones suyas las escuché cuando estudiaba en La Laguna.
Seguramente en alguno de aquellos carnavales de finales de los años ochenta. Dicho así, parece que haya pasado una eternidad.
Si hay una canción capaz de resumir a Juan Luis Guerra, esa es «Ojalá que llueva café».
Muchos la recuerdan por su ritmo.
Pocos por lo que realmente cuenta.
Porque no habla de café.
Habla de esperanza.
Habla de miles de campesinos que dependían de la tierra para sacar adelante a sus familias.
Juan Luis Guerra no pedía un milagro.
Pedía algo mucho más sencillo.
Que el esfuerzo de quienes trabajaban el campo tuviera recompensa.
Quizá por eso la canción sigue emocionando casi cuatro décadas después.
Porque hay mensajes que nunca caducan.
Tal vez por eso Lanzarote y aquella canción se entienden tan bien.
Porque las dos hablan, en el fondo, de lo mismo.
De la dignidad de quienes viven de la tierra y de esa obstinada condición humana que consiste en seguir sembrando esperanza, incluso cuando todo parece cubierto de ceniza.








