
Hay una diferencia enorme entre explotar un recurso y cuidarlo para que siga generando valor dentro de diez, veinte o cincuenta años.
Y eso aplica también al turismo.
Es fácil llenar una isla de visitantes.
Lo difícil es conseguir que siga siendo un lugar atractivo después de millones de visitas.
Por eso me parece acertado reconocer a las personas y proyectos que ayudan a proteger aquello que hace única a Lanzarote.
Porque un destino no compite solo por tener playas, hoteles o buen clima.
Compite por conservar su identidad.
El turismo de calidad no consiste en que venga quien más gaste.
Consiste en que quien venga aporte valor, respete el entorno y quiera volver porque encuentra algo auténtico.
Cuando se pierde el paisaje, la cultura o la esencia del lugar, se pierde el verdadero activo.
Enhorabuena a María Condo, a Domingo Concepción García (a título póstumo), a Raúl García y Antonio Zamora, y al proyecto Guardianes del Territorio.