
Muchas personas han aportado su granito de picón para que la gastronomía de Lanzarote pasara de ser algo local a convertirse en una marca reconocida.
Eso es verdad.
Y Juan Betancort Coll es una de ellas.
Juan entendió antes que muchos que el futuro de Lanzarote no estaba en copiar a nadie, sino en poner en valor su propia identidad.
Su tierra.
Su producto.
Su gente.
Porque hace años, hablar del vino de Lanzarote, de sus quesos o de sus papas fuera de la isla parecía casi una rareza.
Hoy no.
Hoy esos productos ocupan el centro de la mesa.
Hoy generan orgullo.
Hoy tienen valor.
Y esas cosas no ocurren porque sí.
Ocurren porque alguien supo leer el tiempo.
Por eso, cuando dentro de unos años se cuente cómo Lanzarote pasó de periferia gastronómica a territorio de prestigio, habrá muchos nombres sobre la mesa.
Y entre ellos, inevitablemente, estará el de Juan Betancort Coll.