No hay nada más satisfactorio que comprobar cómo el trabajo bien hecho acaba dando sus frutos.
Hoy nos han informado desde Yaiza de que ya están brotando las primeras flores de la plantación de aloe, sembrada hace apenas seis meses.
Es el resultado del esfuerzo constante del equipo de finca, unido a unas condiciones climáticas especialmente favorables en Lanzarote desde el pasado diciembre.
La primera floración del aloe es una señal clara: la planta ha alcanzado su madurez y entra en su fase reproductiva.
Poca gente sabe que estas flores, por su color y su aroma, atraen a las abejas, que encuentran en ellas alimento y, al mismo tiempo, contribuyen al equilibrio del ecosistema.
Aunque el aloe se reproduce principalmente mediante hijuelos o brotes, la polinización por abejas e insectos sigue siendo fundamental en las poblaciones silvestres.
Criticar: ese verbo tan nuestro, tan bien conjugado y tan poco pensado.
Se critica cuando se hacen las cosas mal, como es natural, pero también cuando se hacen bien, no vaya a ser que alguien destaque sin permiso.
Lo importante no es el motivo, sino el gesto.
Criticar por sistema. No dejar títere con cabeza y, si queda alguno en pie, darle también.
Con o sin razón —detalle menor en estos tiempos— la crítica se ha instalado cómodamente en el discurso cotidiano.
Es un ruido de fondo permanente, una especie de banda sonora nacional que acompaña cualquier iniciativa, por mínima que sea.
Aquí nadie se salva: el que no hace nada, por inútil; y el que hace algo, por sospechoso.
Estos días he asistido, con cierta perplejidad, al linchamiento de un alcalde lanzaroteño por la temeraria osadía de comprar unos décimos de lotería.
Décimos pagados, conviene repetirlo para los despistados, con dinero salido de su propio bolsillo. Y que, en el improbable caso de que la suerte sonriera, se repartirían entre los vecinos del municipio.
Un gesto simple.
Demasiado simple, quizá, para una sociedad que desconfía incluso de los actos gratuitos.
La ocurrencia no es nueva. Pero ha sido ahora cuando el murmullo se ha convertido en aullido, cuando la sospecha ha encontrado su presa y la crítica su excusa.
Porque aquí no se trata de hechos, sino de intenciones, y siempre hay quien está dispuesto a leer segundas, terceras y cuartas intenciones donde apenas hay un gesto.
Para gustos, colores.
Pero la libertad individual de un ciudadano para hacer con su dinero lo que le venga en gana debería estar fuera de toda discusión.
Sin embargo, en esta tierra hasta eso parece intolerable.
Y así seguimos: desconfiando de todo, criticándolo todo, erosionándolo todo.
Luego nos preguntamos por qué no queda nada en pie.
Siempre me ha gustado la frase de: «algo debe tener el agua cuando la bendicen«, porque al final habla de resultados.
Al ver, hace apenas unos días, cómo Esther Cabrera era reelegida presidenta de la Asociación del Transporte Turístico de Lanzarote (ASTRATUR), la frase volvió a cobrar sentido.
No por costumbre, sino por merecimiento.
Esther ha sido pionera, pero sobre todo ha sido eficaz.
Ha puesto a la mujer en el centro de la toma de decisiones en Lanzarote desde la gestión real, la que implica riesgos, números y responsabilidad.
Desde el volante —real y simbólico— de una de las empresas de transporte más importantes de Canarias, ha conducido algo más que una empresa de guaguas: ha movido inercias.
Muchas mujeres la toman hoy como referencia porque Esther no fue excepción, fue precedente.
No debió de ser fácil. Nunca lo es.
Pero en un mundo históricamente gobernado por hombres, esta mujer de Tinajo ha demostrado, con hechos la valía y el coraje que definen a la mujer lanzaroteña.
Y eso, como el buen estilo, no se improvisa: se sostiene.
Justo cuando la magia de la Navidad empieza a colarse en los ojos de pequeños y mayores, tenemos algo importante que contarte.
Aloe Plus Lanzarote acaba de renovar el convenio de colaboración con UNICEF dentro del proyecto Empresas por el Cambio.
Y no es un gesto simbólico. Es un compromiso real.
Este proyecto impulsa programas de infancia en más de 150 países, con un foco claro: educación, acción climática y un futuro con más oportunidades.
Nuestra aportación no se queda sólo en una contribución económica.
También asumimos la responsabilidad de que cada acción que llevamos a cabo sume a los Objetivos de Desarrollo Sostenible: educación, clima y reducción de desigualdades.
Porque creer en la ilusión está bien.
Pero trabajar para que todos los niños tengan un futuro digno está mucho mejor.