Autor: Martín Eugenio Pérez Hernández

  • Busco trabajo.

    Hay empresarios buscando empleados. Y miles de personas buscando trabajo.
    Y no se encuentran.

    Ayer escuché a un ​amigo decir: “cada vez cuesta más encontrar gente que quiera currar”.

    No lo dijo con rabia. Lo dijo con resignación. Como quien ya se cansó de repetirlo.

    En Lanzarote hay más de 12.000 desempleados.

    ¿De verdad nadie ve el absurdo?

    Negocios cerrando antes. Horarios recortados. “No hay personal”.

    O el sistema está roto…
    o está montado para que siga sin funcionar.

    No lo sé con certeza.

    ​Pero si queremos que algo cambie… tendrá que doler.


    Habrá que mover ​ficha, revisar incentivos, dejar excusas y empezar a exigir más, a todos.

  • La higuera de Tremesana.

    Estos días vine a descubrir la higuera de Tremesana.

    Una joya botánica poco conocida pero extraordinaria. 

    No es un árbol más: forma parte del selecto catálogo de apenas 150 ejemplares singulares repartidos por toda la Macaronesia, lo que ya nos habla de su rareza y valor.

    Ubicada en pleno corazón del Parque Nacional de Timanfaya, esta higuera es un ejemplo casi improbable de supervivencia. 

    Crece donde la lógica dice que no debería crecer: en un paisaje volcánico árido, duro, de tierras negras y calcinadas.

    Lo fascinante es que, pese a ese entorno hostil, no sólo prosperó, sino que alimentó generaciones. 

    Cuentan que en tiempos de escasez sus frutos llenaron la despensa de muchas familias isleñas.

    Una prueba de que la resiliencia, a veces, crece en los lugares más inesperados. 

  • Viva Santa Bárbara!!

    Para quienes la hemos tenido como Patrona, Santa Bárbara es la primera luz que abre diciembre.

    Muchos sólo recuerdan su nombre cuando el cielo gruñe y se abren los tambores del trueno.

    Otros —los mineros y bomberos— le rezan con el respeto del que sabe que una chispa puede ser vida o muerte.

    Y los que crecimos en Máguez la honramos cada 4 de diciembre, estemos donde estemos, porque este pueblo nos enseñó a hacerlo.

    Por eso, con la memoria encendida y el orgullo en la voz, no queda más que decirlo como se debe:

    ¡Viva Santa Bárbara!

  • Biosphere.

    Aloe Plus Lanzarote ha dado un salto.

    Ha logrado algo grande.

    Desde hoy contamos con la certificación Biosphere.

    Un sello internacional que sólo obtienen las empresas que de verdad aplican prácticas responsables, alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

    En esta travesía no hemos navegado solos.

    La Federación Turística de Lanzarote ha sido brújula y viento, compañía atenta en el arte de convertir la sostenibilidad en rutina.

    Cuando se rema al unísono, la corriente siempre es favorable.

    Con este reconocimiento, el Grupo Aloe se afirma como referente sostenible en la Isla y contribuye al empeño colectivo de perfilar a Lanzarote como un destino que no sólo es bello: también es consciente, innovador y responsable.

    Y porque los logros, como los buenos relatos, tienen protagonistas, damos las gracias dos miembros de nuestro equipo que han sido claves para la obtención del citado galardón: Cristina Guillén y Raúl Caraballo.

  • Más sobre ADISLAN.

    Hoy, 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad​ hemos participa​do en el Encuentro de Empresas por la Inclusión Sociolaboral organizado por ADISLAN. 

    Fue una oportunidad para compartir experiencias que ya están generando impacto real en la isla.

    En Aloe Plus Lanzarote, nuestro vínculo con el territorio nos obliga a devolver valor a la sociedad. 

    Y lo hacemos donde podemos transformar: en la forma de trabajar, formar y construir cultura. 

    Para nosotros, la inclusión es gestión de talento y coherencia con la isla.

    Nuestra alianza con ADISLAN nos ha permitido crear puestos reales y demostrar, con ejemplos como el de María del Mar —pieza clave desde 2017—, que la inclusión funciona cuando el talento está bien ubicado y cuenta con apoyos adecuados.

    Gracias a ADISLAN, por el acompañamiento técnico y humano que ha hecho posible este recorrido; a María del Mar, por su ejemplo diario de profesionalidad y actitud, y por supuesto, a todo el equipo d​el grupo Aloe, por sostener una cultura que abre puertas y convierte propósito en resultados.

    Porque la inclusión no solo es justicia: es talento, oportunidades y futuro para todos 💚

  • ADISLAN.

    Desde hace muchos años mantenemos una colaboración constante con ADISLAN ( Asociación de Personas con Discapacidad de Lanzarote).

    De esa relación nació la incorporación a nuestra plantilla de una compañera cuya labor, créanme, sostiene más de lo que a veces se ve.

    Cuando se toma unas vacaciones, la ausencia se nota. No solo en el trabajo diario, sino en ese silencioso equilibrio que ciertas personas aportan sin proponérselo.

    Tal vez por eso, cada vez que un grupo de jóvenes de la Asociación viene a vernos y cruzan nuestras puertas para conocer la empresa, los recibimos con la misma ilusión con la que se espera a alguien importante. 

    Porque lo son. Porque nos recuerdan lo que realmente importa.

    Gracias por hacernos sentir bien. 

    Y, sobre todo, por recordarnos por qué merece la pena seguir intentando hacer las cosas como se deben.

  • Embotellado.

    Cuando llega el momento de embotellar nuestra cerveza, sabemos que el producto ha sobrevivido a su más intensa travesía: la fermentación. 

    Pero la historia no termina ahí. 

    Al cerrar el envase, la carbonatación toma el relevo, y en nuestra cerveza este fenómeno se produce de manera natural. 

    Sin artificios ni atajos.

    Después, sólo queda tener paciencia. 

    ¿El resultado?

    Una cerveza suave, equilibrada  y fiel al espíritu auténticamente artesanal. 

  • Casi a punto.

    ​Está ahí, en el borde mismo de la luz: a punto de salir, a punto de decir “aquí estoy”.

    Es distinta.

    Es femenina.

    Y, sobre todo, es genuina.

    Tenemos unas ganas —unas ganas enormes, casi insolentes—
    de que la pruebes.

    Porque hay cosas que no se cuentan.
    Se descubren.

  • Estar al tanto.

    Qué frase tan breve y, sin embargo, tan capaz de ponerle calmantes al corazón.

    En esta época en la que todos corremos como pollos sin cabeza—devorados por la agenda, por las urgencias que nunca son importantes y por las horas que siempre faltan— hay asuntos que se quedan en el borde de la conciencia: sabemos que están ahí, esperando, reclamando atención. Y no llegamos.

    Entonces aparece alguien y dice: “No te preocupes. Estoy al tanto.” 

    Y uno respira.

    No porque el peso desaparezca —los pesos nunca desaparecen—, es porque la carga deja de apretar.

    A todos esos que permanecen atentos cuando los demás miramos hacia otro lado: GRACIAS.

    La vida sería bastante más áspera sin ustedes.

  • Nicole.

    Desde que el tiempo es tiempo —y quizá antes, cuando aún no tenía nombre— nos inventamos artefactos para decir lo que sentimos.

    Palos para señalar, piedras para insistir, palabras para existir.

    El ser humano, más que bípedo, mamífero o pensante, es un animal que habla: todo en nosotros es comunicación.

    Apenas asomamos la cabeza al mundo, lo primero que hacemos no es respirar: es decir algo. Un llanto —primera declaración universal— anuncia que estamos aquí, que hemos llegado, que estamos dispuestos a comenzar la aventura.

    Después vendrán las palabras, los gestos, los silencios, las miradas: el gran repertorio, el maravilloso arsenal.

    Tenemos tantos lenguajes como maneras de sentir.

    Lenguajes para pensar, para callar, para pedir, para soñar.

    Y uno de esos lenguajes —uno que no necesita voz para hacerse oír— es el que ha usado Nicole, una danesa que vive en Alemania, para hablar de nuestros productos.

    Ella no habla: dibuja en el aire.

    No pronuncia: traduce lo invisible.

    Usa el lenguaje de signos, ese idioma sin sonido que revela lo esencial.

    Porque, por suerte, todos venimos con algo que nos permite decir lo que pensamos.

    Algunos hablan. Otros escriben.

    Nicole, en cambio, convierte el silencio en palabras.

    Y eso, créanme, es una maravilla.