A veces una imagen lo cambia todo. Nos conecta con una verdad que ya sabíamos, pero habíamos olvidado.
Esta mañana, Adrián —compañero y miembro del equipo de logística— me envió una fotografía. La tomó en el Museo de Arrieta, justo después de cambiar de banderas.
Las telas ondeaban al viento, solemnes y bellas.
Al ver la fotografía sonreí, lo confieso. Y acto seguido me vino a la cabeza una frase de las que no necesitan explicación.
La dijo Séneca, filósofo cordobés de toga y verbo afilado: “Ningún viento es favorable para quien no sabe a dónde va”.
Una verdad sencilla, pero demoledora. Y aplicable a todo: a una empresa, a un país, o a una vida.
Vivimos, a menudo, en mitad de mares revueltos, rodeados de ruido, de consignas huecas y brújulas sin norte.
En esos momentos —que son muchos—, conviene hacer una pausa. Detenerse. Mirar el horizonte con algo de lucidez y decidir hacia dónde apuntar el timón.
Porque lo peor no es el viento en contra. Lo peor es no saber dónde está el puerto.
Escuchar a alguien que sabe de verdad es una maravilla.
Pero si, además, le apasiona compartir lo que sabe, entonces ya no estás ante una charla… estás ante una experiencia.
Eso fue exactamente lo que vivimos ayer tarde en el Castillo de San José, durante una charla de Juan Carlos Martínez Lázaro (Profesor de Economía en I.E Business School), organizada por el Club Cámara de Lanzarote y La Graciosa.
El título no prometía emociones fuertes: “Impacto de la guerra comercial en la Economía Canaria”. Admitámoslo, podría sonar denso.
Pero fue todo lo contrario. Una exposición brillante, sencilla y, sobre todo, muy útil para entender lo que viene y cómo podemos prepararnos.
Y como en todo buen evento, lo mejor no fue solo el contenido. Fue el entorno.
Coincidir con otros empresarios de la isla, con los que compartes propósito y visión, siempre suma. Porque al final, estamos aquí para crear, construir y hacer que las cosas pasen.
Hay un proverbio árabe que me gusta especialmente: «Quien quiere, encuentra un medio. Quien no, una excusa.»
Si tú eres de los primeros, el Club Cámara puede ser ese medio.
En comentarios tienes el enlace. Entra. Descubre todo lo que ofrecen. Y si te encaja, actúa.
Me levanto casi todos los días antes de que el sol se atreva a bostezar. Siempre me ha gustado esa frase tan nuestra: “A quien madruga…”.
No sé si Dios ayuda o no, pero al menos hay silencio, aire limpio y tiempo para pensar.
Intento regalarme una caminata de una hora. Sin móvil. Sin compañía. Sólo con el frescor de la mañana, que despeja más que un café bien cargado.
Ya en el despacho, reviso la prensa del sector. Es una costumbre que he ido afinando con los años. No para que me cuenten lo que pasa, sino para intuir hacia dónde sopla el viento.
Ayer, entre titulares que se repiten como las malas películas, me topé con una noticia que me dejó mal cuerpo.
El periódico tinerfeño Diario de Avisos se hacía eco de un reportaje de un británico, que publicó una lista con los diez destinos más masificados de Europa.
Según explican, usaron criterios de “sobreturismo” avalados por la Comisión Europea. Y ahí estábamos: Lanzarote, cuarta en el ranking, con 117.785 turistas por cada 1.000 habitantes.
Sí, han leído bien. Por cada mil vecinos, ciento diecisiete mil turistas. No es una errata. Es una barbaridad.
Aquí el ranking completo, por si alguien quiere digerirlo con calma:
Zante (Grecia): 149.886
Istria (Croacia): 133.466
Fuerteventura (España): 118.720
Lanzarote (España): 117.785
Islas del Dodecaneso (Grecia): 113.790
Tirol (Austria): 112.716
Pinzgau-Pongau (Austria): 109.009
Islas Cícladas (Grecia, incluidas Mykonos y Santorini): 104.152
Corfú (Grecia): 100.079
Außerfern (Austria): 97.299
Y entonces me vino a la cabeza una vieja frase: “Menos es más”.La dijo Ludwig Mies van der Rohe, arquitecto. Y tenía razón.
Aplicar la simplicidad y el sentido común.
Haber si aprendemos: no podemos meter más gente de la que cabe. No podemos convertir un paraíso en un parque temático. No debemos pisotear tanto el terreno que dejemos de reconocerlo.
Porque si seguimos llenando el vaso sin medida, un día acabará por rebosar.
Y cuando eso pase, quizá descubramos que incluso la gallina de los huevos de oro… también se agobia.
Hace dieciocho años largamos amarras con la vista fija en el horizonte.
Desde entonces, hemos surcado mares en calma y otros no tanto. Hoy seguimos a flote, viento en popa, y con mucho por navegar. El viaje, créeme, está lejos de haber terminado.
Estamos buscando tripulantes que no solo quieran disfrutar del viaje cuando el mar esté en calma, sino que estén dispuestas a aprender, crecer y dar lo mejor de sí cuando arrecien las tormentas.
Porque, como bien sabes, los buenos marineros no se forjan en aguas tranquilas.
Este barco, como el glorioso Elcano, no sólo viaja: enseña. Cada jornada es una lección. Cada error, un maestro.
Si sientes que este espíritu resuena contigo y encajas en el perfil que buscamos, te invitamos a embarcarte en este proyecto que quiere seguir avanzando.
Saber reaccionar a tiempo no es un lujo. Es una responsabilidad.
En la vida y en la empresa, los imprevistos no avisan. Y cuando llegan, no hay margen para la improvisación. Solo sirve una cosa: estar preparados.
Por eso, estos días hemos dado un paso más en Aloe. Hemos formado a nuestro equipo en primeros auxilios, porque saber qué hacer en una emergencia puede marcar la diferencia entre lamentar y actuar.
No se trata solo de teoría. Se trata de entrenar para responder. De la mano de Fidel, un profesional que sabe de lo que habla, hemos aprendido a no quedarnos quietos, a ser parte de la solución y a sumar en momentos críticos.
Desde hace años, nuestras instalaciones —museos, fábrica, almacén y central— cuentan con desfibriladores. Y aunque deseamos no tener que usarlos jamás, si llega el momento, estaremos listos.
Gracias a Fidel por compartir su experiencia. Y gracias al equipo de Aloe por su compromiso real. En los negocios y en la vida, hay que estar preparados para todo. Y en eso, no se negocia.
Mientras la primavera estalla y todo revive, nosotros también damos un paso más: en pocas semanas, Lanzarote tendrá una nueva plantación de aloe vera.
Será la quinta que tenga Aloe Plus Lanzarote. Y por primera vez, en el sur de la isla.
Tierra volcánica. Tierra con historia. Tierra que sabe lo que es arder… y renacer.
En esta hectárea que ya empieza a latir, crecerá la Barbadensis Miller. La del sello amarillo. La que no necesita presentación entre los que conocen de verdad esta planta.
Nada de esto sería posible sin Mbarek, Mohamed y Hassan.
Ellos son las manos. El sudor. El mimo.
Los que se encargan de que cada planta no solo crezca… sino que lo haga con vida y con esperanza.
Esta mañana hemos tenido el honor de recibir en nuestras instalaciones a la delegación provincial de la Asociación Española contra el Cáncer.
Un encuentro que llevábamos tiempo queriendo materializar, y que hoy, por fin, se ha hecho realidad.
El motivo era claro: firmar un acuerdo de colaboración con una organización que desempeña un papel crucial, y que en Lanzarote cuenta con una gran embajadora, Lola Padrón.
Pocas veces un título de representante ha tenido tanto de honor como en su caso.
A través del convenio Empresa Activa contra el Cáncer, queremos aportar nuestro grano de arena a una causa que nos necesita a todos.
El objetivo es sumarnos al reto de la Asociación: alcanzar una tasa de supervivencia del 70% en 2030.
Estamos convencidos de que, desde la iniciativa privada, también podemos marcar la diferencia.
Ojalá este gesto sirva para apoyar a los miles de canarios que cada día libran una batalla dura, valiente y admirable contra esta enfermedad.
A veces se nos olvida —o hacemos como que no lo sabemos— que todo, absolutamente todo, puede cambiar en décimas de segundo.
Así, sin aviso. Sin margen de maniobra.
Vivimos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo… pero en realidad, estamos siempre a un suspiro de que todo se nos vaya al carajo.
Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché la palabra colapso.
Era apenas un niño, correteando entre las calles de tierra y polvo de Máguez, mi pequeño pueblo natal.
Un día, un hombre del pueblo —un paisano que había vivido más de cien años y que, pese a su edad, seguía estando sorprendentemente fuerte— falleció de forma repentina.
La explicación fue tan sencilla como contundente: «Le dio un colapso», dijeron.
Y no se habló más. Nadie cuestionó la causa. Era un hecho consumado.
Con el tiempo descubrí que hay colapsos de todos los sabores: energéticos, políticos, económicos, sanitarios, ambientales… Lo que quieras.
La vida no avisa. No negocia. Y cuando te pega, no pregunta si estás listo.
Así que, ya que estamos aquí, mejor no dejar para mañana las ganas, los abrazos, los sueños y las decisiones importantes.
Porque el colapso puede llegar en cualquier momento. Y entonces, amigo, no habrá más turnos de réplica.