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  • Mary Paz

    Que Lanzarote reciba a expertos de primer nivel en distintas disciplinas siempre es motivo de celebración. 

    La llegada de conocimiento y visión de futuro a nuestra tierra es, sin duda, una inversión en nuestro presente y en lo que está por venir.

    Por eso, quiero agradecer a la Cámara de Comercio su compromiso constante por acercarnos, cada cierto tiempo, a referentes que no solo nos cuentan qué hacen, sino que nos inspiran con cómo lo hacen.

    Ayer, de la mano de Luis Fernández, el futuro tocó a nuestra puerta.

    El especialista en robótica e inteligencia artificial nos abrió una ventana a un mañana que ya se asoma en el horizonte. 

    En pocas décadas, viviremos en un mundo radicalmente distinto al que hoy conocemos. 

    Ya estamos inmersos en una era de avances tecnológicos sin precedentes, encaminándonos hacia una sociedad cada vez más automatizada y digitalizada.

    Pero, sin duda, lo que más me emocionó fue ver a Mary Paz junto a sus alumnos del Centro Integrado de Formación Profesional Zonzamas participando en la jornada. 

    Porque el verdadero motor del cambio será siempre la educación. 

    La formación y la preparación son, y serán, la llave para que Lanzarote no solo no pierda el tren del progreso, sino que lo lidere.

  • Te queremos.

    Hay una edad —a partir de los 50— en la que si te quedas sin curro, el runrún mental empieza a apretar.

    “Nadie me va a contratar.”
    “Soy viejo.”
    “El mercado va demasiado rápido para mí.”
    “No estoy al día con la tecnología.”

    Frases que no dices en voz alta… pero que te taladran por dentro.
    Y lo peor no es pensarlas, lo peor es creérselas.


    Porque entonces dejas de moverte. Dejas de intentarlo. Y ahí es cuando empiezas a perder.

    En nuestra empresa lo vemos de otra manera.


    Nosotros tenemos colaboradores con más de 50 años.


    Y no están ahí por compasión ni por cuota.


    Están porque funcionan. Porque aportan valor real.

    Son personas con experiencia, comprometidas, con una ética de trabajo sólida y con una capacidad de análisis que solo te da el tiempo.


    Saben lo que es atravesar crisis, reinventarse, adaptarse.

    Tenemos a varios trabajadores de más de 60 años y
    no solo trabajan bien: ilusionan al resto del equipo.


    Tienen energía, tienen ganas, tienen oficio.

    Todo eso nos reafirma en algo que tenemos claro:
    El talento no tiene edad. Tiene actitud.

    Y cuando se encuentra, se contrata. Porque suma.

  • De vacas y leche.

    Anoche, de regreso en el vuelo de Madrid a Lanzarote,  leí un dato que, más que curioso, me pareció profundamente revelador.


    Una vaca norteamericana produce, de media, 30 litros de leche al día. Una vaca africana, en cambio, no alcanza los 1,6 litros.

    Estamos hablando de una diferencia de casi 19 veces. ¿La clave?
    Productividad.

    O si usted prefiere, saber ordeñar vacas en condiciones.

    Y no, no es que una vaca sea más “lista” que la otra.

    Es el entorno: alimentación, clima, tecnología, condiciones.
    En definitiva, contexto favorable frente a contexto adverso.


    Y si somos honestos, España hoy se parece más a la vaca africana que a la norteamericana.

    Nuestra productividad lleva años estancada.
    Estamos por debajo de la media europea, y lo más preocupante es que no parece que eso esté por cambiar pronto.

    La receta, en realidad, no es ningún misterio:
    Invertir en capital humano, en tecnología, en I+D, en formación, en infraestructuras…


    Pero también en algo que muchos olvidan: estabilidad institucional y entorno empresarial saludable.

    Nada de eso es posible si ni siquiera podemos aprobar unos Presupuestos Generales del Estado.


    Si no somos capaces de resolver lo básico, es difícil construir futuro.


    Necesitamos visión, decisión y compromiso real con el crecimiento.

    Y eso empieza con dejar de ordeñar vacas flacas… y empezar a crear las condiciones para que den más leche.

  • Ya no hiela tanto en Madrid

    Ya no hiela tanto en Madrid.

    Lo notamos quienes venimos del mar, donde el viento trae salitre y el frío, cuando llega, se siente distinto.

    Los canarios lo percibimos en los huesos, en la manera en que el cuerpo reacciona al aire seco y áspero de la meseta, tan lejano al nuestro.

    Hemos pasado unos días en la capital, aprovechando el Salón Gourmet en IFEMA para hacer lo que consideramos esencial: estar presentes, mostrar lo que hacemos y escuchar lo que el mercado tiene que decir.

    Compartimos stand con Saborea Lanzarote y, para muchos visitantes, descubrir que el aloe también se bebe fue toda una sorpresa.

    Pero más allá del asombro, hubo verdadero interés. Y eso es lo que realmente importa.

    Presentamos nuestro jugo y nuestros zumos. Y regresamos a casa con algo más que cajas vacías: volvemos con la satisfacción de haber sorprendido y convencido. Que no es poca cosa.

    Ahora, como en toda buena travesía, toca regresar a puerto. Ajustar velas, revisar el rumbo, preparar nuevas cartas de navegación.

    Porque en las próximas ferias volveremos a zarpar. Y lo haremos con novedades, con productos que siguen fieles a nuestra esencia: innovación sin renunciar al origen, salud sin renunciar al sabor.

    Volveremos. Y volveremos con más.

  • El vídeo.

    Un vídeo que nos recordó lo que somos.

    Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Y es cierto.


    Pero hay vídeos que, además de decir, trascienden. Que conectan. Que te hacen parar y sentir.

    Ayer vivimos uno de esos momentos en ALOE PLUS LANZAROTE.
    Cuatro minutos que emocionaron a todo el equipo.

    Cuatro minutos que nos recordaron lo importante: las personas.

    Gracias, María del Mar, por ponerle alma a nuestro día.


    Gracias por recordarnos que lo que hacemos tiene un impacto real.

    Cuando el corazón está detrás, se nota. Y se contagia.

  • Emociones.

    Hoy ha sido uno de esos días en los que te paras, respiras y te das cuenta de por qué vale la pena todo esto.

    La Asociación de Personas con Discapacidad de Lanzarote (ADISLAN) nos han enviado un vídeo en el que aparece nuestra compañera María del Mar.

    Cuatro minutos que han bastado para que los que estábamos aún en la oficina nos reuniéramos en silencio, sin decir nada, solo para mirar, para escuchar… y para emocionarnos.

    María del Mar lleva casi 8 años con nosotros.

    Es de esas personas que no hacen ruido. Es eficiente, meticulosa, comprometida.

    Cuando no está, se nota. No porque falte alguien para cubrir su puesto, sino porque se apaga una parte del engranaje que hace que todo funcione.

    Es parte del sistema. Una pieza clave.

    Lo da todo, desde el primer minuto, con sus auriculares puestos y una concentración que ya quisieran muchos. Le gusta la música.

    Y a nosotros nos gusta verla ser feliz trabajando.

    Sí, tiene una discapacidad.

    Pero eso no es lo que define su trayectoria. Lo que la define es su actitud. Su entrega. Su constancia.

    Gracias por emocionarnos y por formar parte del equipo.

  • Sembrar.


    No es magia. Es trabajo. Constancia. Ganas.

    Y sí, ese dicho de que hay que sembrar… es más verdad que un templo.

    Ayer recibimos, en el Cabildo, las certificaciones que reconocen nuestro compromiso con la calidad turística en Lanzarote.

    No es casualidad. Llevamos años sembrando, apostando por la excelencia y exigiéndonos lo mejor.

    Desde que abrimos nuestras puertas, nos subimos al barco del SICTED (Sistema Integral de Calidad Turística Española en Destinos).

    Hoy, Lanzarote cuenta con 92 establecimientos y servicios turísticos distinguidos. ¿La buena noticia? 11 de ellos son nuestros.

    Eso nos enorgullece, pero también nos responsabiliza.

    Porque detrás de cada reconocimiento hay personas. Equipos.

    Profesionales que entienden que no basta con abrir la puerta de una tienda o un museo: hay que ofrecer una experiencia.

    Decía la Madre Teresa de Calcuta: “El que no vive para servir, no sirve para vivir.”

    Nos la tatuamos. Porque así lo sentimos.

    Gracias a todo el equipo. Seguimos sembrando.

  • Indignada.

    Esta mañana ​llegó a mi despacho, una compañera con cara de pocos amigos. 

    Se le notaba el enfado en los ojos, en los hombros, incluso en la forma de cerrar la puerta.

    No hizo falta que dijera nada: ​estaba encendida por dentro.
    Venía de la Calle Real, de hacer unas gestiones para la empresa.

    Llegó tan acelerada, tan cargada de ganas de soltar lo que llevaba dentro, que se dejó el móvil olvidado en la cafetería.

    Me dijo que nos habían criticado. Que ​estaban hablaban mal de la empresa. 

    Y siguió enumerando un sinfín de comentarios falsos, malintencionados y completamente alejados de la realidad​, que había escuchado en la cafetería.

    Vamos, el menú degustación del que no tiene ni idea, pero sí mucho tiempo libre.

    La dejé desahogarse. Luego la invité a sentarse y le pedí que respirara. 

    Le dije algo que tengo muy claro desde hace años: el éxito tiene un precio.

    Y uno de ellos es la exposición. Cuando haces las cosas bien, cuando avanzas, cuando destacas… te conviertes en tema de conversación. Y no siempre para bien.

    Vivimos en una sociedad que se apresura a criticar y tarda una eternidad en reconocer el mérito ajeno.

    Y le recordé algo que nuestros colaboradores no pueden olvidar:

    El aloe, además de calmar la piel, también nos enseña a calmar el ego.

    Lejos de afectarnos, estos comentarios deben servir​ para reforzar lo que somos, con humildad y paciencia.

    Porque al final: cuando alguien nos critica sin conocernos, está hablando mucho más de sí mismo que de nosotros.

  • Que no te lo roben.

    Abril ha llegado. Y no viene solo.

    Trae bajo el brazo la primavera, ganas de estrenar vida y una sacudida en el calendario que nos grita: despierta, que esto va en serio.

    Hace dos cafés estábamos brindando por el año nuevo y llenándonos la boca de polvorones.

    Y​,  en un abrir y cerrar de ojos, ya vamos camino de la mitad del año. ​

    El tiempo no se detiene. Corre.

    Y muchas veces, lo hace tan rápido que se nos olvida mirar lo que realmente importa: lo que tenemos… y a quién tenemos

    Ayer, coincidiendo con el primer día del mes, más de una emisora rescató una canción mítica de Joaquín Sabina: ¿Quién me ha robado el mes de abril? 

    ​Una letra que, curiosamente, va a contracorriente del espíritu de este mes.

    Pero también nos lanza una advertencia: no dejes que te lo roben. Ni el mes. Ni el tiempo. Ni la vida.

    Que no te pase lo que canta Sabina.

    No llegues a mayo preguntándote dónde estabas mientras la vida pasaba en el mes de abril.

  • Lentejas.

    De niño, ver lentejas en el plato era sinónimo de tragedia.

    No entendías por qué alguien en su sano juicio querría comerse eso.


    Pataletas, lágrimas, amenazas de huelga de hambre… daba igual. Nadie iba a cambiarte las lentejas por papas fritas con huevo.

    Entonces venía la explicación: “Son buenas para el hierro” —decían— como si a un niño de seis años le importaran las vitaminas.

    Y, por si aún te quedaban dudas, ahí estaba tu madre, líder absoluta del hogar, firme como un regimiento de infantería en retirada, dictando la sentencia inapelable:

    —Si las quieres, las tomas. Y si no, las dejas.

    Pero el subtexto era claro: las tomas. Porque lo de dejarlas nunca fue una opción.

    Con los años, lo que antes despreciabas, hoy lo valoras como un tesoro. Descubres el peso real de lo que parecía insignificante.

    Y sin darte cuenta, un día estás en la cocina, preparando un potaje de lentejas.

    Te gusta. Te reconecta con tus raíces. Te recuerda quién eres y de dónde vienes.

    Las lentejas —como tantas cosas en la vida— solo se valoran cuando entiendes lo difícil que es tenerlas en la despensa.