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  • Menos en más.

    Foto: diariodelanzarote.com

    Me levanto casi todos los días antes de que el sol se atreva a bostezar. Siempre me ha gustado esa frase tan nuestra: “A quien madruga…”.

    No sé si Dios ayuda o no, pero al menos hay silencio, aire limpio y tiempo para pensar.

    Intento regalarme una caminata de una hora. Sin móvil. Sin compañía. Sólo con el frescor de la mañana, que despeja más que un café bien cargado.

    Ya en el despacho, reviso la prensa del sector. Es una costumbre que he ido afinando con los años. No para que me cuenten lo que pasa, sino para intuir hacia dónde sopla el viento.

    Ayer, entre titulares que se repiten como las malas películas, me topé con una noticia que me dejó mal cuerpo.

    El periódico tinerfeño Diario de Avisos se hacía eco de un reportaje de un británico, que publicó una lista con los diez destinos más masificados de Europa.

    Según explican, usaron criterios de “sobreturismo” avalados por la Comisión Europea. Y ahí estábamos: Lanzarote, cuarta en el ranking, con 117.785 turistas por cada 1.000 habitantes.

    Sí, han leído bien. Por cada mil vecinos, ciento diecisiete mil turistas. No es una errata. Es una barbaridad.

    Aquí el ranking completo, por si alguien quiere digerirlo con calma:

    1. Zante (Grecia): 149.886
    2. Istria (Croacia): 133.466
    3. Fuerteventura (España): 118.720
    4. Lanzarote (España): 117.785
    5. Islas del Dodecaneso (Grecia): 113.790
    6. Tirol (Austria): 112.716
    7. Pinzgau-Pongau (Austria): 109.009
    8. Islas Cícladas (Grecia, incluidas Mykonos y Santorini): 104.152
    9. Corfú (Grecia): 100.079
    10. Außerfern (Austria): 97.299

    Y entonces me vino a la cabeza una vieja frase: “Menos es más”.La dijo Ludwig Mies van der Rohe, arquitecto. Y tenía razón.

    Aplicar la simplicidad y el sentido común.

    Haber si aprendemos: no podemos meter más gente de la que cabe.
    No podemos convertir un paraíso en un parque temático.
    No debemos pisotear tanto el terreno que dejemos de reconocerlo.

    Porque si seguimos llenando el vaso sin medida, un día acabará por rebosar.

    Y cuando eso pase, quizá descubramos que incluso la gallina de los huevos de oro… también se agobia.

  • Buscamos tripulantes.

    Hace dieciocho años largamos amarras con la vista fija en el horizonte. 

    Desde entonces, hemos surcado mares en calma y otros no tanto. Hoy seguimos a flote, viento en popa, y con mucho por navegar. El viaje, créeme, está lejos de haber terminado.

    Estamos buscando tripulantes que no solo quieran disfrutar del viaje cuando el mar esté en calma, sino que estén dispuestas a aprender, crecer y dar lo mejor de sí cuando arrecien las tormentas. 

    Porque, como bien sabes, los buenos marineros no se forjan en aguas tranquilas.

    Este barco, como el glorioso Elcano, no sólo viaja: enseña. Cada jornada es una lección. Cada error, un maestro. 

    Si sientes que este espíritu resuena contigo y encajas en el perfil que buscamos, te invitamos a embarcarte en este proyecto que quiere seguir avanzando.

    Tenemos un sitio para ti.

  • Y si….

    Saber reaccionar a tiempo no es un lujo. Es una responsabilidad.

    En la vida y en la empresa, los imprevistos no avisan.
    Y cuando llegan, no hay margen para la improvisación. Solo sirve una cosa: estar preparados.

    Por eso, estos días hemos dado un paso más en Aloe.
    Hemos formado a nuestro equipo en primeros auxilios, porque saber qué hacer en una emergencia puede marcar la diferencia entre lamentar y actuar.

    No se trata solo de teoría. Se trata de entrenar para responder.
    De la mano de Fidel, un profesional que sabe de lo que habla, hemos aprendido a no quedarnos quietos, a ser parte de la solución y a sumar en momentos críticos.

    Desde hace años, nuestras instalaciones —museos, fábrica, almacén y central— cuentan con desfibriladores.
    Y aunque deseamos no tener que usarlos jamás, si llega el momento, estaremos listos.

    Gracias a Fidel por compartir su experiencia.
    Y gracias al equipo de Aloe por su compromiso real.
    En los negocios y en la vida, hay que estar preparados para todo. Y en eso, no se negocia.

  • La familia crece.

    Mayo.

    Mes de flores, sí.

    Pero también de decisiones que florecen.

    Mientras la primavera estalla y todo revive, nosotros también damos un paso más: en pocas semanas, Lanzarote tendrá una nueva plantación de aloe vera.

    Será la quinta que tenga Aloe Plus Lanzarote. Y por primera vez, en el sur de la isla.

    Tierra volcánica. Tierra con historia. Tierra que sabe lo que es arder… y renacer.

    En esta hectárea que ya empieza a latir, crecerá la Barbadensis Miller. La del sello amarillo. La que no necesita presentación entre los que conocen de verdad esta planta.

    Nada de esto sería posible sin Mbarek, Mohamed y Hassan.

    Ellos son las manos. El sudor. El mimo.

    Los que se encargan de que cada planta no solo crezca… sino que lo haga con vida y con esperanza.

  • No es un día cualquiera.

    Hoy no es un día cualquiera.
    Es 1 de mayo. Y si me lo permite, quiero hablarle a usted.

    Sí, a usted.
    El que madruga. El que aguanta. El que resuelve. El que empuja.


    Usted, que cumple su jornada aunque le apriete el zapato, aunque el jefe no mire, aunque el cuerpo le pida quedarse en casa.

    El que, sin medallas ni aplausos, hace lo que hay que hacer.
    Y más.

    No por reconocimiento, sino por responsabilidad.
    Y eso, amigo mío, se llama dignidad.

    Este día no es un adorno en el calendario.
    Es un recordatorio firme y necesario: este mundo lo sostienen quienes empujan desde abajo.

    Así que gracias.


    Por seguir adelante cuando nadie aplaude.
    Por no rendirse cuando todo cuesta.
    Por ser parte de esta España que calla, pero cumple.

    Gracias por ser uno de esos héroes invisibles de los que nadie habla, pero todos necesitamos.

    Feliz Día del Trabajador.


    El mundo necesita más gente como usted.

  • Activos Contra el Cáncer.

    Esta mañana hemos tenido el honor de recibir en nuestras instalaciones a la delegación provincial de la Asociación Española contra el Cáncer.


    Un encuentro que llevábamos tiempo queriendo materializar, y que hoy, por fin, se ha hecho realidad.

    El motivo era claro: firmar un acuerdo de colaboración con una organización que desempeña un papel crucial, y que en Lanzarote cuenta con una gran embajadora, Lola Padrón. 

    Pocas veces un título de representante ha tenido tanto de honor como en su caso.

    A través del convenio Empresa Activa contra el Cáncer, queremos aportar nuestro grano de arena a una causa que nos necesita a todos.


    El objetivo es sumarnos al reto de la Asociación: alcanzar una tasa de supervivencia del 70% en 2030.

    Estamos convencidos de que, desde la iniciativa privada, también podemos marcar la diferencia.


    Ojalá este gesto sirva para apoyar a los miles de canarios que cada día libran una batalla dura, valiente y admirable contra esta enfermedad.

  • Colapso.

    A veces se nos olvida —o hacemos como que no lo sabemos— que todo, absolutamente todo, puede cambiar en décimas de segundo.


    Así, sin aviso. Sin margen de maniobra.

    Vivimos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo… pero en realidad, estamos siempre a un suspiro de que todo se nos vaya al carajo.

    Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché la palabra colapso.


    Era apenas un niño, correteando entre las calles de tierra y polvo de Máguez, mi pequeño pueblo natal.


    Un día, un hombre del pueblo —un paisano que había vivido más de cien años y que, pese a su edad, seguía estando sorprendentemente fuerte— falleció de forma repentina.


    La explicación fue tan sencilla como contundente:
    «Le dio un colapso», dijeron.

    Y no se habló más. Nadie cuestionó la causa. Era un hecho consumado.

    Con el tiempo descubrí que hay colapsos de todos los sabores: energéticos, políticos, económicos, sanitarios, ambientales… Lo que quieras.

    La vida no avisa.
    No negocia.
    Y cuando te pega, no pregunta si estás listo.

    Así que, ya que estamos aquí, mejor no dejar para mañana las ganas, los abrazos, los sueños y las decisiones importantes.

    Porque el colapso puede llegar en cualquier momento.
    Y entonces, amigo, no habrá más turnos de réplica.

  • Más de 150.000

    Con el tiempo, hemos mejorado. Como el buen vino.

    No ha sido cuestión de suerte.

    Ni de magia.

    Ha sido fruto de aprender, de equivocarnos,

    de no conformarnos nunca con lo que ya sabíamos.

    Nuestros jabones también han cambiado.

    Hoy los hacemos mejor.

    Con nuevas técnicas, sí, pero con la misma misión de siempre:
    que tu piel lo sienta… y lo agradezca.

    Esto no va de nostalgia ni de fórmulas antiguas.

    Va de evolución. De mejora constante.

    De innovar con propósito, sin perder la esencia.

    Hoy, más de 150.000 jabones al año salen de nuestras manos y llegan a tocadores de toda Europa.

    No se venden porque estén de oferta.

    Se venden porque funcionan.

    Porque quien los prueba, repite.

    Si aún no los has usado, no solo te estás perdiendo un buen jabón.

    Te estás perdiendo un momento solo para ti.

    Un mimo.

    Una experiencia sensorial que tu piel te pedirá volver a vivir.

  • Con llave.

    En los próximos días vamos a oír mucho la palabra cónclave.

    Curiosamente, su origen viene del latín medieval: cum clave, que significa “con llave” o “bajo llave”. Me pareció potente.

    Porque eso es exactamente lo que harán los cardenales a comienzos de mayo: se encerrarán, literalmente bajo llave, hasta que salga ese humo blanco que anuncia un nuevo Papa.

    Y me hizo pensar.

    Las llaves están en todas partes, pero rara vez les damos importancia.
    Sirven para abrir… y para cerrar.

    Personalmente, prefiero las que abren. Las que dan paso a nuevas etapas, a decisiones importantes, a puertas que antes estaban cerradas.

    Incluso cuando vienen con incertidumbre, prefiero abrir que quedarme atrapado.

    Cerrar puede ser necesario, sí. Pero si solo cierras, te estancas.

    Ahora que vienen momentos de elección —y no hablo solo del Vaticano—, es clave saber qué hacer con la llave que tenemos en la mano.

    Porque todos la tenemos.

    Ojalá sepamos usarla para abrir.

    Para abrir la mente, el diálogo, las oportunidades. Para aprender, crecer, avanzar.

    Porque los grandes cambios no se hacen desde el encierro, sino desde la visión.

    No hay peor encierro que el de la ignorancia, ni llave más inútil que la que solo sirve para atrancar lo que no queremos ver.

  • Bravo Tinajo.

    Emprender no es para cobardes.

    Y menos en los primeros meses, cuando todo son dudas, gastos, noches en vela y una vocecita que no para de decirte: “¿Y si me estoy equivocando?”

    Muchos proyectos se caen antes de aprender a caminar.

    No porque no valieran la pena, sino porque les faltó una mano que les dijera: “Sigue, que esto merece la pena”.

    Por eso, ver al Ayuntamiento de Tinajo rendir homenaje a sus emprendedores no solo emociona, también inspira.

    Porque cuando un pueblo se acuerda de quienes arriesgaron, apostaron por su tierra y se dejaron la piel… algo cambia.

    El vídeo, producido con mimo por el propio Ayuntamiento, se respira verdad.

    Se ve esfuerzo, pasión, raíces.

    Se honra a quienes un día empezaron con poco más que una idea y muchas ganas, y que hoy siguen dejando huella, incluso en las nuevas generaciones.

    Así es, sí.

    Ojalá más iniciativas así.

    Ojalá más ejemplos que nos recuerden que emprender puede doler, pero también emocionar.

    Y que no hay nada más potente que creer en los tuyos.

    Bravo, Tinajo.