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  • Inicios.

    Montar una empresa tiene mucho de ilusión.

    Y también un punto de inconsciencia.

    Porque, si supiéramos de antemano todo lo que nos espera, probablemente muchos nunca daríamos el primer paso.

    Nosotros lo dimos en 2007.

    Justo antes de que estallara una de las mayores crisis económicas que hemos vivido.

    Si alguien nos hubiera enseñado entonces lo que venía, seguramente nos habría recomendado esperar.

    Por suerte, nadie pudo hacerlo.

    Empezamos con más ganas que experiencia.

    Y aprendimos como aprenden la mayoría de los emprendedores: equivocándonos. Acertando unas veces, fallando muchas otras y entendiendo que cada error, aunque duela, también enseña.

    Con el tiempo descubrí que emprender no consiste en tener siempre la razón.

    Consiste en levantarse una vez más de las que uno se cae.

    Por eso me alegra comprobar que hoy quienes deciden poner en marcha una idea cuentan con más apoyo del que tuvimos muchos cuando empezamos.

    La Incubadora de Empresas y el Programa Impulsa Startup, impulsados por la Cámara de Comercio de Lanzarote y La Graciosa, son una magnífica muestra de ello.

    Porque detrás de cada empresa que hoy genera empleo, riqueza y oportunidades, hubo un día alguien con una idea, muchas dudas y el valor suficiente para intentarlo.

    Mi enhorabuena a la Cámara de Comercio de Lanzarote y La Graciosa por acompañar a quienes deciden construir su propio camino.

    Porque el futuro no lo cambian quienes esperan que las cosas sucedan.

    Lo cambian quienes se atreven a hacer que sucedan.

  • Venezuela

    Hay noticias que nos recuerdan lo frágil que puede llegar a ser la vida.

    Los devastadores terremotos que han golpeado Venezuela han dejado tras de sí familias rotas, personas desaparecidas y miles de ciudadanos que necesitan ayuda.

    Por eso, el Grupo Aloe ha realizado una donación de 3.000 euros a Cruz Roja, destinada a apoyar las labores de emergencia y asistencia a los afectados.

    Sabemos que una aportación como esta no reconstruye hogares ni devuelve a quienes ya no están.

    Pero también sabemos que, en los momentos más difíciles, toda ayuda cuenta.

    Como decía la Madre Teresa de Calcuta:

    «Lo que hacemos es tan solo una gota en el océano. Pero si esa gota no estuviera, al océano le faltaría algo.»

    Queremos enviar un abrazo muy especial a nuestras compañeras July, Xiomara, Génesis, Adriana, EstefaníaVanessa y Elisa venezolanas de nacimiento, y a través de ellas, a todas las familias que hoy viven con angustia al otro lado del Atlántico.

    En Aloe Plus Lanzarote creemos que una empresa no solo debe generar empleo y riqueza. También tiene la responsabilidad de estar presente cuando la sociedad más lo necesita.

    No podemos detener un terremoto.

    Pero sí podemos demostrar que la solidaridad no entiende de fronteras, y que cuando el sufrimiento llama a la puerta, siempre merece una respuesta.

  • Guayaberas.

    Desde hace unos años me gusta ponerme guayabera.

    No porque estén de moda.

    Precisamente por lo contrario.

    La guayabera llegó a Canarias en los baúles de los indianos que regresaban de Cuba. 

    No solo trajeron dinero. 

    Trajeron otra forma de hablar, de vivir y de entender el mundo.

    También trajeron una camisa que, con el tiempo, terminó convirtiéndose en un pequeño símbolo de todo aquello.

    La primera guayabera que recuerdo se la ví a Zenón Luzardo, el barbero de Máguez. Yo era apenas un chinijo, pero aún puedo verlo detrás de su sillón, con aquella camisa en la que guardaba peines, tijeras, cepillo… 

    También recuerdo a Tobías Perdomo, en Haría. Solía vestir una guayabera azul mientras escuchaba a quienes acudían a buscar consejo. No tenía el título de notario, pero ejercía como uno de esos hombres cuya palabra valía más que muchos documentos. 

    En los pueblos siempre existieron personas así.  Y, curiosamente, vestían guayabera.

    Dicen que esta camisa nació en los campos de Cuba, cuando los campesinos pidieron coser grandes bolsillos para guardar las guayabas durante la cosecha. 

    Sea cierta o no la historia, refleja bien el origen humilde de una prenda que, con el paso del tiempo, terminó sustituyendo al traje y la corbata en actos oficiales y bodas.  

    Eso ocurre con las cosas auténticas.

    Por eso sigo poniéndome una guayabera de vez en cuando.

    Porque algunas prendas no sirven para vestir el cuerpo.

    Sirven para no desvestir la memoria.

  • Venezuela.

    ​La madrugada siempre me ha provocado una extraña inquietud. No sé si es la oscuridad o el silencio. Quizá ambas cosas.

    En esas horas, cuando el mundo parece haberse rendido al sueño, cualquier ruido, por insignificante que sea, adquiere una dimensión distinta y despierta una incertidumbre difícil de explicar.

    Son las horas en las que bajamos la guardia.

    El bullicio del día desaparece, las defensas se relajan y quedamos a merced de nuestros pensamientos.

    También son las horas de los fantasmas —los reales y los imaginarios—, de quienes se esconden de la luz y de quienes prefieren actuar cuando nadie mira.

    Fue precisamente en la madrugada de hoy cuando un violento fantasma sacudió Venezuela.

    Mientras millones de personas dormían, la tierra decidió recordar su fuerza. Caracas y La Guaira temblaron sin previo aviso.

    No fue un mal sueño. Fue una de esas pesadillas que dejan el cuerpo encogido y el alma en vilo.

    Para los canarios, Venezuela nunca ha sido un país cualquiera al otro lado del Atlántico.

    Ha sido una tierra hermana, generosa, que abrió sus brazos cuando miles de isleños cruzaron el océano buscando un futuro mejor.

    Allí encontraron trabajo, dignidad y la oportunidad de empezar de nuevo.

    La memoria también crea familia.

    Por eso hoy el dolor de Venezuela también nos duele.

    Hoy nuestro abrazo cruza el Atlántico.

    Y llega, con todo el cariño del mundo, a Venezuela y a su gente.

  • Brasil.

    Hace unos días regresé de Brasil.

    Fui a São Paulo para asistir a una feria profesional del sector cosmético y volví con una conclusión:

    La mayoría de nosotros no tenemos ni idea de lo que es Brasil.

    Creemos que sí.

    Pensamos en fútbol.

    Pensamos en carnaval.

    Pensamos en playas.

    Y ya está.

    Pero Brasil es mucho más que eso.

    Muchísimo más.

    São Paulo fue la primera pista.

    Una ciudad tan grande que hace que muchas capitales europeas parezcan pueblos. Allí todo funciona a otra escala. Las distancias, los negocios, el consumo, la industria y, sobre todo, las oportunidades.

    Mientras muchos siguen viendo Brasil como un destino turístico, ellos llevan años construyendo una potencia económica.

    Tengo la sensación de que durante los próximos años escucharemos hablar cada vez más de Brasil.

    No por Neymar.

    No por el carnaval.

    No por la samba.

    Sino porque cuando un país reúne territorio, población, recursos, industria y ambición, tarde o temprano acaba ocupando el lugar que le corresponde.

  • San Juan.

    Desde pequeño siempre me han gustado las noches como la de hoy.

    Y si además te encuentra en Haría, entonces tiene algo todavía más especial.

    Hoy no es una noche cualquiera.

    Es la noche de San Juan.

    La más corta del año.

    La que despide la primavera y abre la puerta al verano.

    Y aunque el calendario diga que es una fecha más, todos sabemos que no lo es.

    Porque esta noche tiene algo antiguo.

    Algo que viene de lejos.

    Esta noche habrá fuego.

    Hogueras encendidas para alumbrar la oscuridad, pero también para quemar todo aquello que nos sobra.

    Las preocupaciones que pesan demasiado.

    Los errores que seguimos arrastrando.

    Los miedos que nos frenan.

    Todo eso al fuego.

    Que arda.

    En Haría, además, la noche tiene su propio sabor.

    Sabe a piñas asadas sobre las brasas.

    A queso de cabra compartido entre amigos.

    A vino del país.

    A conversaciones que empiezan cuando cae el sol y terminan cuando ya nadie sabe qué hora es.

    Y mientras las llamas bailan y las sombras se alargan sobre las fachadas blancas del pueblo, uno se da cuenta de algo.

    Que ya se ha ido medio año.

    Sin hacer ruido.

    Seis meses que ya forman parte de la memoria.

    Y otros seis que todavía están por escribir.

    Quizá por eso seguimos reuniéndonos alrededor del fuego. No para desafiar al tiempo, porque esa batalla está perdida desde el principio, sino para recordarnos que seguimos aquí.

    Feliz noche de San Juan y brindemos hasta que baje el dedo

  • Conciencia.

    Hay iniciativas que merecen seguir creciendo porque siembran algo mucho más importante que premios: conciencia.

    Por eso, un año más, hemos querido formar parte del Concurso Escolar de Dibujo por el Día Mundial del Medio Ambiente.

    Para nuestra empresa, participar como colaborador en este concurso es una forma de respaldar valores en los que creemos: la educación, la sostenibilidad y el compromiso con el futuro de nuestra isla.

    Queremos felicitar a todos los alumnos participantes, a los centros educativos, al profesorado y a las familias por su implicación.

    También agradecer a la Federación Turística de Lanzarote y Asolan que sigan impulsando proyectos capaces de inspirar, educar y construir una Lanzarote mejor para todos.

  • Premios.

    Hay una diferencia enorme entre explotar un recurso y cuidarlo para que siga generando valor dentro de diez, veinte o cincuenta años.

    Y eso aplica también al turismo.

    Es fácil llenar una isla de visitantes.

    Lo difícil es conseguir que siga siendo un lugar atractivo después de millones de visitas.

    Quien haya visto amanecer en Famara o caminar por La Geria entiende que el verdadero valor de Lanzarote no está en el número de visitantes, sino en conservar aquello que hace que sigamos reconociéndola

    Por eso me parece acertado premiar a las personas y proyectos que ayudan a proteger aquello que hace única esta Isla.

    Porque un destino no compite solo por tener playas, hoteles o buen clima.

    Compite por conservar su identidad.

    Cuando se pierde el paisaje, la cultura o la esencia del lugar, se pierde el verdadero activo.

    Enhorabuena a María Condo, a Domingo Concepción García (a título póstumo), a Raúl García, Antonio Zamora y al proyecto Guardianes del Territorio.

  • Educación.

    Me he acostumbrado a ver, desde la ventana de la oficina, una escena que se repite cada semana.

    Llega un educador de perros. 

    Detrás de él, una pequeña procesión de dueños con sus mascotas. 

    Algunos perros tiran de la correa como si quisieran conquistar el mundo. Otros ladran a todo lo que se mueve. 

    Entonces empieza la clase.

    Y resulta curioso comprobar cómo, poco a poco, aquello que parecía imposible empieza a cambiar. 

    El perro que no obedecía, obedece.

    El que desafiaba, se calma.

    El que iba por libre, aprende a convivir.

    Mientras los observo, no puedo evitar acordarme de aquellos perros callejeros de nuestra infancia, los que recorrían sin dueño las calles polvorientas de los pueblos y respondían únicamente a sus propios instintos.

    Quizá por eso nuestros mayores insistían tanto en la importancia de la educación.

    Porque educar nunca ha consistido en domesticar.

    Consiste en aprender a vivir con los demás sin convertir cada esquina en un campo de batalla.

  • Día de Canarias.

    En Aloe Plus Lanzarote trabajamos con canarios de nacimiento.

    Y también con gente que llegó desde Cuba, República Dominicana, Argentina, Marruecos, Venezuela, Italia o Francia.

    Algunos vinieron buscando trabajo.
    Otros oportunidades.
    Otros simplemente un lugar donde empezar de nuevo.

    Y después de años compartiendo esfuerzo, responsabilidades, problemas y alegrías, uno termina comprendiendo algo que los mapas nunca explican.

    Que hay lugares donde naces.

    Y lugares a los que perteneces.

    Porque ser canario no consiste únicamente en haber llegado al mundo en estas islas.

    Ser canario es otra cosa.

    Es entender que vivimos en una tierra única.

    Una tierra que no nos pertenece.

    Una tierra que simplemente nos ha sido prestada y que tenemos la obligación de cuidar para quienes vendrán después.

    Porque ser canario también es respetar el paisaje que nos rodea, valorar nuestros recursos y comprender que la riqueza de estas islas no está solo en lo que extraemos de ellas, sino en cómo las protegemos.

    Es entender que la naturaleza no es un decorado.

    Es parte de nuestra identidad.

    Por eso hoy, Día de Canarias, queremos rendir homenaje a todos los que forman parte de esta casa.

    A los que nacieron aquí.

    Y también a los que un día llegaron desde lejos y decidieron quedarse.

    Porque las empresas, igual que los países, no las sostienen los edificios.

    Las sostienen las personas.

    Hombres y mujeres corrientes que cada día hacen su trabajo, cumplen su palabra y empujan en la misma dirección.

    Y cuando uno tiene la suerte de encontrarse con gente así, da igual dónde hayan nacido.

    Ya forman parte de la misma tierra.

    Viva Canarias!!!