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  • Premios.

    Hay una diferencia enorme entre explotar un recurso y cuidarlo para que siga generando valor dentro de diez, veinte o cincuenta años.

    Y eso aplica también al turismo.

    Es fácil llenar una isla de visitantes.

    Lo difícil es conseguir que siga siendo un lugar atractivo después de millones de visitas.

    Por eso me parece acertado reconocer a las personas y proyectos que ayudan a proteger aquello que hace única a Lanzarote.

    Porque un destino no compite solo por tener playas, hoteles o buen clima.

    Compite por conservar su identidad.

    El turismo de calidad no consiste en que venga quien más gaste.

    Consiste en que quien venga aporte valor, respete el entorno y quiera volver porque encuentra algo auténtico.

    Cuando se pierde el paisaje, la cultura o la esencia del lugar, se pierde el verdadero activo.

    Enhorabuena a María Condo, a Domingo Concepción García (a título póstumo), a Raúl García y Antonio Zamora, y al proyecto Guardianes del Territorio.

  • Educación.

    Me he acostumbrado a ver, desde la ventana de la oficina, una escena que se repite cada semana.

    Llega un educador de perros. 

    Detrás de él, una pequeña procesión de dueños con sus mascotas. 

    Algunos perros tiran de la correa como si quisieran conquistar el mundo. Otros ladran a todo lo que se mueve. 

    Entonces empieza la clase.

    Y resulta curioso comprobar cómo, poco a poco, aquello que parecía imposible empieza a cambiar. 

    El perro que no obedecía, obedece.

    El que desafiaba, se calma.

    El que iba por libre, aprende a convivir.

    Mientras los observo, no puedo evitar acordarme de aquellos perros callejeros de nuestra infancia, los que recorrían sin dueño las calles polvorientas de los pueblos y respondían únicamente a sus propios instintos.

    Quizá por eso nuestros mayores insistían tanto en la importancia de la educación.

    Porque educar nunca ha consistido en domesticar.

    Consiste en aprender a vivir con los demás sin convertir cada esquina en un campo de batalla.

  • Día de Canarias.

    En Aloe Plus Lanzarote trabajamos con canarios de nacimiento.

    Y también con gente que llegó desde Cuba, República Dominicana, Argentina, Marruecos, Venezuela, Italia o Francia.

    Algunos vinieron buscando trabajo.
    Otros oportunidades.
    Otros simplemente un lugar donde empezar de nuevo.

    Y después de años compartiendo esfuerzo, responsabilidades, problemas y alegrías, uno termina comprendiendo algo que los mapas nunca explican.

    Que hay lugares donde naces.

    Y lugares a los que perteneces.

    Porque ser canario no consiste únicamente en haber llegado al mundo en estas islas.

    Ser canario es otra cosa.

    Es entender que vivimos en una tierra única.

    Una tierra que no nos pertenece.

    Una tierra que simplemente nos ha sido prestada y que tenemos la obligación de cuidar para quienes vendrán después.

    Porque ser canario también es respetar el paisaje que nos rodea, valorar nuestros recursos y comprender que la riqueza de estas islas no está solo en lo que extraemos de ellas, sino en cómo las protegemos.

    Es entender que la naturaleza no es un decorado.

    Es parte de nuestra identidad.

    Por eso hoy, Día de Canarias, queremos rendir homenaje a todos los que forman parte de esta casa.

    A los que nacieron aquí.

    Y también a los que un día llegaron desde lejos y decidieron quedarse.

    Porque las empresas, igual que los países, no las sostienen los edificios.

    Las sostienen las personas.

    Hombres y mujeres corrientes que cada día hacen su trabajo, cumplen su palabra y empujan en la misma dirección.

    Y cuando uno tiene la suerte de encontrarse con gente así, da igual dónde hayan nacido.

    Ya forman parte de la misma tierra.

    Viva Canarias!!!

  • Roster.

    Quien me conoce sabe que tengo debilidad por las palabras de mi tierra. Las canarias. Las nuestras.

    Las que huelen a campo, a mar y a gente que aprendió antes a sobrevivir que a presumir.

    Las uso siempre que puedo.

    Porque uno acaba defendiendo su identidad incluso en las sílabas.

    Pero de vez en cuando aparece una palabra que merece ser esuchada.

    Hace unos días oí una:
    ROSTER.

    La dijeron mientras anunciaban la convocatoria de los 26 jugadores que irán al Mundial.

    Y comprendí algo interesante.

    Un roster no es una simple lista de nombres.
    Eso lo hace cualquiera con papel y bolígrafo.

    Un roster es una hermandad.
    Un pacto silencioso entre personas con un mismo objetivo.

    Porque un equipo no lo forman once camisetas ni veintiséis dorsales.

    Lo forman los que entrenan cuando nadie mira.
    Los que callan cuando toca callar.
    Los que aguantan el golpe.
    Los que siguen corriendo cuando ya no queda aire.
    Los que entienden que el ego sirve de poco cuando enfrente tienes un enemigo mejor organizado que tú.

    Las estrellas ganan partidos.
    Los equipos ganan mundiales.

    Y eso no ocurre solo en el fútbol.

    Sucede en las empresas.
    En los proyectos.
    En cualquier trinchera humana donde haga falta confiar en el de al lado.

    El talento impresiona.
    Pero el carácter colectivo sostiene imperios.

    Porque cuando llega la tormenta —y siempre llega— el talento individual sirve de poco.

    Lo único que importa es el roster que tienes al lado.

  • Sólo queremos mirar.

    Entraron por mirar.

    No conocían el aloe.
    Ni falta que hacía.

    Porque entonces apareció Camino, que en Costa Teguise no vende productos: conversa, contagia y convence sin parecer que convence.

    Probaron la pasada semana.
    Y volvieron ayer.

    Dos ventas buenas, de esas que dejan premio: sombreros gracioseros, sonrisa incorporada y foto inevitable.

    Pero lo importante no fueron las bolsas llenas de productos.
    Fue esa felicidad ligera con la que se fueron.

    Como quien compra un recuerdo y termina llevándose también una historia.

    Camino tiene ese raro talento: hacer que una marca deje de parecer una marca y se vuelva algo cercano, casi personal.

    Y eso no lo fabrica ninguna campaña.

  • SICTED.

    Ni una. Ni dos. Ni tres.

    11 certificaciones SICTED​ (Sistema Integral de Calidad Turística en Destino).

    Y sí, nos sentimos orgullosos. Mucho.

    Porque detrás de cada sello no hay un diploma para colgar en la pared. Hay trabajo. Hay exigencia.

    Hay personas intentando hacer las cosas mejor cada día.

    El SICTED reconoce a quienes entienden que el turismo no va solo de recibir visitantes.

    Va de dejar huella.

    Y eso es exactamente lo que intentamos hacer en Aloe Plus Lanzarote.

    No enseñamos solo aloe vera. Enseñamos una forma de vivir Lanzarote. Su paisaje. Su identidad. Su manera de cuidar lo auténtico.

    Por eso estas 11 certificaciones no hablan solo de calidad.

    Hablan de compromiso.
    De constancia.

    Y de seguir representando a esta Isla como creemos que merece.

  • El IRONMAN y Lanzarote.

    El IRONMAN de Lanzarote no es una competición deportiva.

    Es un ajuste de cuentas.

    Hacerlo en Lanzarote tiene algo de locura y algo de verdad.

    Esta Isla no acaricia. Esta Isla pone a prueba. Te lanza el viento en contra, el sol sobre los hombros y las dudas dentro de la cabeza.

    Y por eso quien cruza la meta de Fariones jamás llega siendo el mismo que tomó la salida.

    Desde hace años, atletas de todo el mundo aterrizan en Lanzarote creyendo que vienen a desafiar a la Isla.

    Pero terminan entendiendo otra cosa: es la Isla quien los desafía a ellos.

    Este año, además, uno de los nuestros estará ahí fuera.

    Samuel Rodríguez, jefe de producción de nuestra fábrica.

    Y nos emociona saber que llevará algo más que un dorsal.

    Llevará nuestra tierra.
    Nuestra forma de trabajar.
    Nuestra manera de entender el esfuerzo, la constancia y el compromiso.

    Porque hay personas que, incluso cuando compiten solas, representan a mucha gente.

    Mucha suerte, Samuel.

    Aunque sabemos que no vas solo.

  • Juan Betancort Coll

    Muchas personas han aportado su granito de picón para que la gastronomía de Lanzarote pasara de ser algo local a convertirse en una marca reconocida.

    Eso es verdad.

    Y Juan Betancort Coll es una de ellas.

    Juan entendió antes que muchos que el futuro de Lanzarote no estaba en copiar a nadie, sino en poner en valor su propia identidad.

    Su tierra.

    Su producto.

    Su gente.

    Porque hace años, hablar del vino de Lanzarote, de sus quesos o de sus papas fuera de la isla parecía casi una rareza.

    Hoy no.

    Hoy esos productos ocupan el centro de la mesa.

    Hoy generan orgullo.

    Hoy tienen valor.

    Y esas cosas no ocurren porque sí.

    Ocurren porque alguien supo leer el tiempo.

    Por eso, cuando dentro de unos años se cuente cómo Lanzarote pasó de periferia gastronómica a territorio de prestigio, habrá muchos nombres sobre la mesa.

    Y entre ellos, inevitablemente, estará el de Juan Betancort Coll.

  • Dos periodistas.

    En apenas unos días se nos han ido dos comunicadores canarios de los que ya no quedan.

    De los que pertenecían a una estirpe extinguida: la de quienes entendían el periodismo como oficio.

    Quienes tuvimos la suerte de conocerlos sabemos que con ellos también desaparece una manera de contar las cosas.

    Era un tiempo en el que la radio se fabricaba con credibilidad, calle y talento.

    Ambos fueron animales radiofónicos.

    De esos que nacen con un micrófono pegado al alma.

    A José Antonio Pardellas le debemos, entre muchas otras cosas, que cada hora, en la Península, alguien recuerde que en Canarias es una hora menos.

    Parece una frase pequeña, pero convirtió a unas islas lejanas en parte cotidiana de millones de españoles.

    Y Santiago Travieso… qué personaje.

    Voz de arena y salitre. Uno de esos tipos capaces de contar Fuerteventura como quien cuenta una pelea, una resaca o un amor perdido. Con crudeza, ironía y verdad.

    La radio pierde dos gargantas. Canarias pierde dos memorias.

    Que descansen en paz.

    Un abrazo sincero a sus familias.

  • No es lo mismo.

    Sí, ya sé.

    No es lo mismo.

    No tiene por qué serlo.

    Pero el miedo no entiende de matices.

    El miedo se activa antes de que lleguen las explicaciones.

    Por eso ahora lo importante no es solo lo que está pasando, sino cómo nos lo cuentan.

    Necesitamos información clara. Directa. Sin adornos. Sin ruido.

    Porque cuando faltan datos, el miedo rellena los huecos.