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  • Apretar un botón.

    Hay cosas que tenemos delante todos los días y pocas veces nos detenemos a pensar cómo funcionan.

    A mí eso me cuesta.

    Será deformación profesional, pero cuando algo me interesa, pregunto.

    Y si no lo entiendo, vuelvo a preguntar.

    Estos días hemos sustituido uno de los equipos de la fábrica. El anterior llevaba tiempo pidiendo una jubilación más que merecida.

    Un compresor de aire.

    Sabía perfectamente para qué servía y la importancia que tiene dentro del proceso. Lo que nunca me había parado a entender con detalle era cómo hacía su trabajo.

    Así que pregunté.

    Y la explicación, simplificada mucho, es bastante curiosa.

    El equipo toma el aire del ambiente, lo comprime, lo almacena a presión y lo suministra cuando otros equipos de la fábrica lo necesitan.

    Algo así como guardar aire en una botella para disponer de su fuerza cuando hace falta.

    Puede parecer una obviedad para quien trabaja todos los días con estas máquinas.

    Para mí no lo era.

    Y precisamente ahí está lo interesante.

    Nos hemos acostumbrado tanto a pulsar botones y que las cosas funcionen que, muchas veces, dejamos de preguntarnos qué ocurre detrás.

    Por eso, yo sigo preguntando.

    No siempre porque necesite saberlo.

    A veces, simplemente, porque quiero saberlo.

  • Jesús Perdomo Ramírez

    Hoy Punta Mujeres se quita el sombrero.

    Y hace bien.

    Lo hace ante uno de esos vecinos que no necesitan cargos, títulos ni demasiadas presentaciones para ganarse el respeto de quienes los conocen.

    Jesús Perdomo Ramírez.

    Siempre dispuesto a echar una mano. A colaborar. A contar lo que sabe.

    Y sabe mucho.

    Porque hay personas que guardan en la memoria más historia de un pueblo que muchos libros en sus páginas. Personas que conocen nuestras costumbres, nuestra cultura y de dónde venimos porque las han vivido, las han escuchado y, sobre todo, se han preocupado de que no se pierdan.

    Jesús es una de ellas.

  • Los primeros.

    Son los primeros en llegar.

    Cuando todavía no ha amanecido, ellos ya están en sus puestos de trabajo.

    No hacen ruido.

    Son ágiles.

    Y conocen cada rincón de la empresa mejor que muchos de nosotros.

    Quizás sean de los que más desapercibidos pasan.

    Pero son fundamentales para que cada día todo vuelva a empezar.

    Son quienes encienden las primeras luces.

    Quienes preparan nuestras tiendas y museos.

    Y quienes dejan todo listo para que, unas horas después, podamos levantar las persianas y recibir a nuestros clientes.

    Muchas veces valoramos el trabajo que más se ve.

    Y nos olvidamos del que se hace cuando nadie está mirando.

    Por eso hoy quería detenerme precisamente en ellos.

    En nuestro equipo de logística.

    En quienes empiezan su jornada antes que los demás para que nosotros podamos empezar la nuestra.

    ​Personas que hacen girar la rueda sin necesidad de ponerse delante.

    Y esas personas también merecen que, de vez en cuando, alguien se pare y les dé las gracias.

    Hoy nos toca a nosotros.

    Gracias.

  • Las chefleras de mi casa.

    Este año me he fijado en las chefleras de casa.

    Las tengo delante todos los días. Y hasta hace unos días no me había parado a mirarlas.

    Han florecido.

    Unas enormes flores de color encarnado que parecen empeñadas en llamar la atención.

    Y lo han conseguido.

    Sobre todo con las abejas.

    Que para estas cosas son bastante más listas que nosotros.

    Llevan días entrando y saliendo.

    Sin horarios.

    Sin vacaciones.

    Haciendo, literalmente, su agosto.

    Y mientras las observo pienso que Lanzarote tiene una extraña costumbre.

    Le das poca agua.

    Le das viento.

    Le das sol.

    Le das una tierra negra y seca.

    Y ella te devuelve fruta, flores y vida.

    Quizá el problema es que estamos tan acostumbrados a verlo que ya ni nos sorprende.

    Por eso hay que fijarse.

    Lanzarote da mucho más de lo que parece.

  • Que tiempos aquellos…

    Esta mañana me encontré con esta foto.

    Y me dio pie a pensar en algo.

    Hubo un tiempo en Lanzarote en el que una imagen como esta no necesitaba explicación.

    Eran jareas.

    Pescado, sal, sol y tiempo.

    Y poco más.

    Los mayores enseñaban a los jóvenes.
    Los jóvenes aprendían mirando.
    Y así, sin manual de instrucciones, una tradición conseguía pasar de una generación a la siguiente.

    Hoy las cosas son diferentes.

    Y está bien que existan controles sanitarios.

    Está bien que sepamos más.

    Y está todavía mejor que aquello que comemos sea seguro.

    El problema empieza cuando confundimos controlar una tradición con acabar haciéndola imposible.

    Porque las jareas forman parte de nuestra historia.

    Como los camellos.

    Como tantas cosas que, vistas desde un despacho, pueden parecer extrañas.

    Pero vistas desde Lanzarote tienen todo el sentido del mundo.

    No se trata de elegir entre tradición y seguridad.

    Se trata de tener suficiente sentido común para conservar las dos.

    Porque modernizar una tierra no debería significar borrar lo que fuimos.

    El progreso está muy bien.

    Siempre que para avanzar no tengamos que olvidarnos de dónde venimos.

  • Eclipsar.

    Mañana la Luna eclipsará al Sol.

    Algo pequeño tapando algo inmenso.

    Precisamente eso es lo que hacemos constantemente.

    Dejamos que un mal día nos estropee una buena semana. Que una crítica pese más que cien halagos. Que un problema nos haga olvidar todo lo que sí funciona.

    A veces no nos falta luz.

    Nos sobra algo delante.

  • Simple.

    Hay miles de formas de comunicar.

    Unas más sofisticadas.
    Otras más complejas.
    Y luego están las que funcionan.

    Yo siempre he sido de los que piensan que menos es más.
    También cuando escribes.

    Si pudiera elegir, me quedaría con tres cosas:
    sujeto, verbo y predicado.

    Hace unas horas me crucé con esta pick-up.


    Si el mensaje no hubiera estado escrito a mano, con esa naturalidad de quien no intenta impresionar a nadie, probablemente habría seguido de largo.

    Pero me detuve.
    Lo leí.
    Y aquí estoy, hablándote de él.

    Bravo.
    Bravísimo.

  • Socorro!!!

    ¿Qué parte de la palabra auxilio no se entendió?

    Ceuta llevaba días avisando.

    Pidiendo ayuda.

    Diciendo que la situación se les iba de las manos.

    Y mientras tanto, cientos de personas seguían lanzándose al mar.

    El miedo a morir pesa menos que la certeza de no vivir.

    Cuando el auxilio llega tarde, deja de ser auxilio.

    Y pasa a ser el reconocimiento de un fracaso.

  • Por qué no??

    Hay una pregunta que cambia vidas.

    Y empresas.

    Y, de vez en cuando, hasta una isla.

    Es una pregunta sencilla.

    ¿Por qué no?

    ¿Por qué no cultivar donde otros solo veían un destino turístico?

    ¿Por qué no transformar aquí lo que nace aquí?

    ¿Por qué no demostrar que Lanzarote puede vivir también de lo que produce y no solo de lo que recibe?

    Estos días se ha presentado oficialmente la Asociación de Agroproductores de Lanzarote.

    Pero esta historia empezó mucho antes.

    Empezó el día en que un grupo de personas decidió dejar de buscar excusas y empezó a buscar soluciones.

    Son agricultores.

    Salineros.

    Elaboradores.

    Empresarios.

    Personas que un día se liaron la manta a la cabeza cuando parecía mucho más fácil dedicarse a cualquier otra cosa.

    Mientras muchos miraban al turismo como el único camino, ellos decidieron abrir otro.

    Porque llevar Lanzarote en la sangre también significa cuidar su tierra, transformar sus productos y defender aquello que nos hace diferentes.

    Hoy ya no son proyectos aislados.

    Son un movimiento.

    Son quienes han conseguido que producir en Lanzarote deje de ser una excepción para convertirse en un motivo de orgullo.

    Y eso empezó como empiezan casi todas las cosas importantes.

    Con una pregunta.

    ¿Por qué no?

  • ¡Pssst!

    Hay quien cree que una chapa es apenas un trozo de metal destinado a mantener el gas dentro de una botella.

    Se equivoca.

    Los detalles nunca son pequeños cuando hablan de un origen.

    Muy pronto, nuestra cerveza Vulcanaloe estrenará una nueva chapa.

    Sobre ella aparece grabado un sencillo «Desde 2007».

    No es un adorno. Ni una ocurrencia de marketing.

    Es el recuerdo de un camino recorrido con paciencia por Aloe Plus Lanzarote.

    Cada botella protege una cerveza.

    La chapa, además, protege una memoria.

    Al fin y al cabo, abrir una botella siempre ha sido mucho más que escuchar un pequeño chasquido.

    A veces también es oir cómo empieza una historia.