
Desde pequeño siempre me han gustado las noches como la de hoy.
Y si además te encuentra en Haría, entonces tiene algo todavía más especial.
Hoy no es una noche cualquiera.
Es la noche de San Juan.
La más corta del año.
La que despide la primavera y abre la puerta al verano.
Y aunque el calendario diga que es una fecha más, todos sabemos que no lo es.
Porque esta noche tiene algo antiguo.
Algo que viene de lejos.
Esta noche habrá fuego.
Hogueras encendidas para alumbrar la oscuridad, pero también para quemar todo aquello que nos sobra.
Las preocupaciones que pesan demasiado.
Los errores que seguimos arrastrando.
Los miedos que nos frenan.
Todo eso al fuego.
Que arda.
En Haría, además, la noche tiene su propio sabor.
Sabe a piñas asadas sobre las brasas.
A queso de cabra compartido entre amigos.
A vino del país.
A conversaciones que empiezan cuando cae el sol y terminan cuando ya nadie sabe qué hora es.
Y mientras las llamas bailan y las sombras se alargan sobre las fachadas blancas del pueblo, uno se da cuenta de algo.
Que ya se ha ido medio año.
Sin hacer ruido.
Seis meses que ya forman parte de la memoria.
Y otros seis que todavía están por escribir.
Quizá por eso seguimos reuniéndonos alrededor del fuego. No para desafiar al tiempo, porque esa batalla está perdida desde el principio, sino para recordarnos que seguimos aquí.
Feliz noche de San Juan y brindemos hasta que baje el dedo