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  • En serio?

    Nos pasa.

    Le pasó al jugador norteamericano Ben Shelton, en Roland Garros el pasado domingo, 1 junio.

    Estaba jugando contra Carlos Alcaraz. Partido tenso, de esos que se juegan con el cuerpo, pero también con la cabeza.

    Y de repente, Alcaraz gana un punto. Legal para todos, menos para él. Porque solo él vio la irregularidad. Nadie más. Ni el árbitro, ni el rival, ni la grada. Solo él.

    Y, ¿qué hizo?

    Lo devolvió.

    Sí. Renunció al punto. Porque sabía que no era suyo.

    Y el otro se quedó como nos quedamos todos cuando alguien hace algo así: con la cara de “esto no pasa nunca” y comentó «really?».

    Qué raro nos resulta ver a alguien con principios. Qué triste que la honestidad parezca extravagancia.

    Pero lo bueno es que el deporte (sobre todo el tenis) a veces nos da estas bofetadas de realidad.

    Nos recuerda que aún queda gente que prefiere hacer lo correcto aunque cueste. Aunque duela. Aunque nadie lo aplauda.

    Una lección que vale más que el punto. Más que el partido.

    Y sí, quizás nos haga falta perder más puntos así… para no perder del todo el norte.

  • Jabón sólido

    Laura trabaja en una farmacia de día, y es una alquimista de olores y texturas al caer la tarde.

    Se ha convertido, sin proponérselo, en una suerte de embajadora prodigiosa de nuestra marca. 

    Y no una embajadora cualquiera, sino una que receta belleza, entre estanterías repletas de promesas en frascos, botes y cajas.

    Lo que en otros sería opinión, en ella es veredicto. 

    Hace unos días, Laura probó nuestro nuevo jabón sólido — el que está cambiando el verbo “asearse” por el arte de mimarse— y nos dejó esta joya aromática:

    «Acabo de usar el champú sólido y vaya maravilla… hace la espuma perfecta, no reseca y no enreda, te deja un brillo espectacular. Qué decir de su aroma a frambuesa, que te envuelve en un algodón de nube que nos traslada a la infancia.»

    Leerla es casi olerla. Oírla es casi tocar la espuma.

    Gracias, Laura, por ponerle poesía a la higiene.

  • Mario Luis López Isla

    Hace seis meses hice lo que a veces no se hace: asumir un compromiso. 

    Fue con Mario Luis López Isla, escritor e historiador cubano con quien coincidí —por esos caprichos del calendario— en Gran Canaria.

    A Mario Luis lo conocí en Cabaiguán, Cuba profunda, allá por los años finales del siglo pasado (dicho así parece una eternidad). Corría 1998, y desde entonces nuestra amistad ha sido como las buenas novelas: no importa el tiempo ni la distancia, se abre y se lee con gusto.

    Durante años, Mario Luis fue algo así como un embajador apócrifo de Canarias en Cuba: hablaba de islas mientras habitaba en otra, tejía puentes entre memorias. 

    Ahora vive en Icod de los Vinos, Tenerife, con su familia y con la misma pasión de siempre, aunque algo más al oeste.

    Fue él quien me narró —como se narran las tragedias que duelen en carne ajena— la historia del Valbanera, ese buque naufragado en 1919 con 488 almas a bordo, muchas de ellas canarias que cruzaban el Atlántico en busca de otra vida y encontraron otra muerte.

    Lo mejor de conversar con este cubano de corazón isleño es que siempre tiene algo que decir. Y lo dice bien. Con esa pausa suya de quien sabe, de quien vivió, de quien recuerda.

    Hasta la próxima, Mario Luis. Que siempre haya algo que contar.

  • Visita de APSAL.

    Hay visitas que te tocan. Que llegan sin hacer ruido y se quedan para siempre.

    Como la que tuvimos hace unos días en Punta Mujeres.

    El día amaneció brillante, con esa luz que parece decirte: hoy va a ser un buen día. Y vaya si lo fue. 

    Recibimos a un grupo de amigos de la Asociación de Personas Sordas de Arrecife y Lanzarote (APSAL), y lo que pasó después fue mucho más que una simple visita.

    Les abrió las puertas Natalie, una anfitriona de lujo. No solo los recibió: les regaló lo mejor que tenía. Su tiempo, su experiencia, su corazón. Y eso, se nota. 

    Puso el alma y su saber hacer, para que la jornada fuera algo más que una simple visita: la convirtió en un encuentro cálido, de los que se agradecen en silencio o con una mirada.

    Nos honra dar visibilidad a momentos así. 

    Porque la inclusión no se predica: se ejerce. 

    Porque dar visibilidad no es subir una foto bonita.

    Es apoyar encuentros que suman, que unen, que enseñan. Y que nos recuerdan que lo verdaderamente grande, a veces, se dice sin palabras.

  • Unanimidad.

    Que un parlamento al completo se ponga de acuerdo en algo ya es noticia.

    Y más en estos tiempos de crispación permanente, donde el diálogo escasea y el ruido sobra. 

    Por eso, lo ocurrido antes de ayer en el Parlamento de Canarias merece nuestra atención.

    Todos los grupos políticos aprobaron por unanimidad la implantación del Grado en Náutica y Transporte Marítimo en Lanzarote.

    La iniciativa estaba impulsada por la Fundación Universitaria de Lanzarote.

    Si todo marcha como debe, el grado se impartirá en la Escuela de Pesca de Arrecife, un centro con historia, oficialmente llamado Instituto Politécnico Marítimo-Pesquero. 

    Durante décadas este Centro ha formado a estudiantes que hoy son marineros, patrones y técnicos. Adaptándose a los tiempos sin perder su esencia. 

    Dotarlo ahora de un grado universitario es, sencillamente, un merecimiento más que justo. 

    Porque hay decisiones que no hacen ruido. Pero hacen historia.

    Este debe ser el primer paso para la conformación de un verdadero campus universitario en la isla de Lanzarote.

  • Fefo

    Hay gente con la que uno tendría que haber coincidido mucho antes. Pero no. A veces pasan esas cosas, incluso viviendo en una isla que no llega ni a los 850 kilómetros cuadrados.

    Con Fefo Nieves me crucé tarde, pero a tiempo. Y vaya suerte la mía.

    Porque hablar con Fefo es escuchar a alguien que no ha perdido el hambre. Ni por saber, ni por contar lo que sabe.

    Un tipo que ha recorrido mil batallas sin dejarse el alma por el camino.

    Coincidimos en el entorno de Saborea Lanzarote, un espacio que, más allá de lo gastronómico, está lleno de oportunidades para reconectar con lo que somos.

    Ahí descubrí al Fefo que no olvida las raíces, pero tampoco teme mirar hacia adelante. Y esa mezcla, cuando se hace con respeto y visión, genera impacto.

    Esta semana presentó un libro. No uno cualquiera. Uno sobre la Cocina Tradicional de Lanzarote. Justo en vísperas del Día de Canarias.

    Un regalo. De esos que no se envuelven, se abren y se saborean.

    Y no lo digo yo, lo dice él, que lo ha escrito desde el corazón:
    “Este proyecto nace del respeto profundo a las personas mayores, a nuestras madres, abuelas, campesinos y pescadores que, con su sabiduría, nos han dejado un recetario vivo que forma parte de nuestra identidad.”

    No puedo estar más de acuerdo: el futuro se construye con innovación, sí, pero también con memoria.

    Y este libro es justo eso. Un homenaje, pero también una estrategia: preservar para avanzar.

    Ojalá sea el primero de muchos. Porque si algo necesitamos es recordar quiénes somos. Y qué mejor manera que hacerlo con el olor a fuego lento.

    Enhorabuena, Fefo. Esto no es solo un libro. Es legado.

  • Canarias tiene…

    Se acerca una fecha importante.

    Como cada año, sacaremos la bandera, cantaremos, comeremos bien y diremos que estamos orgullosos de nuestra tierra.

    Pero si queremos hablar en serio de Canarias, necesitamos algo más que tradición y palabras bonitas.

    Necesitamos tener un plan.

    Canarias no puede seguir funcionando como hasta ahora.

    No podemos depender eternamente del turismo como si fuera la única vía. Ese modelo es frágil y nos hace vulnerables.

    Lo vimos en la pandemia: un parón global y la economía se nos vino abajo.

    Tenemos talento, clima, geografía estratégica, cultura, gente trabajadora…

    Pero seguimos atrapados en los mismos problemas:

    Falta de industria propia.
    Precariedad laboral.
    Jóvenes talentosos que se van porque aquí no ven futuro.
    Vivienda imposible.
    Una burocracia lenta que desmotiva a cualquiera con ganas de emprender.

    Canarias necesita dejar de pensar en pequeño.
    Necesita liderazgo real, capacidad de ejecución, y una apuesta seria por diversificar su economía.

    No podemos resignarnos a ser un paraíso bonito para el exterior y frustrante para quien vive dentro.

    Tenemos que construir un modelo productivo que nos permita vivir bien, crecer y crear valor.

    Así que sí, celebremos.
    Claro que sí: pongamos música, brindemos, honremos lo que somos.
    Pero con los pies en la tierra y la vista en el futuro.

    Porque amar a esta tierra no es solo admirarla.
    Es trabajar por transformarla.
    ​Es dejarla en mejores condiciones que ​como la encontramos.

  • Llegar a puerto.

    A veces una imagen lo cambia todo. Nos conecta con una verdad que ya sabíamos, pero habíamos olvidado.

    Esta mañana, Adrián —compañero  y miembro del equipo de logística— me envió una fotografía. La tomó en el Museo de Arrieta, justo después de cambiar de banderas. 

    Las telas ondeaban al viento, solemnes y bellas.

    Al ver la fotografía sonreí, lo confieso. Y acto seguido me vino a la cabeza una frase de las que no necesitan explicación.

    La dijo Séneca, filósofo cordobés de toga y verbo afilado: “Ningún viento es favorable para quien no sabe a dónde va”

    Una verdad sencilla, pero demoledora. Y aplicable a todo: a una empresa, a un país, o a una vida.

    Vivimos, a menudo, en mitad de mares revueltos, rodeados de ruido, de consignas huecas y brújulas sin norte. 

    En esos momentos —que son muchos—, conviene hacer una pausa. Detenerse. Mirar el horizonte con algo de lucidez y decidir hacia dónde apuntar el timón.

    Porque lo peor no es el viento en contra. Lo peor es no saber dónde está el puerto.

  • Aloito y el Día de Canarias.

    Aloito no habla, pero dice mucho.

    Se deja vestir con dignidad por Samuel y Ernesto, que no son estilistas, pero tienen más arte que una gala con «El Golpito».

    No protesta.
    No se queja.

    Sonríe, saluda y se prepara con tiempo. Porque sabe que el DÍA DE CANARIAS se merece respeto.

    Si te lo cruzas por ahí, no hagas como si nada.
    Dile algo. Hazle un gesto. Sácate una foto.


    Y si puedes, haz como él:
    Ponte el sombrero y celebra lo que somos.

  • Más que un club.

    Escuchar a alguien que sabe de verdad es una maravilla.

    Pero si, además, le apasiona compartir lo que sabe, entonces ya no estás ante una charla… estás ante una experiencia.

    Eso fue exactamente lo que vivimos ayer tarde en el Castillo de San José, durante una charla de Juan Carlos Martínez Lázaro (Profesor de Economía en I.E Business School), organizada por el Club Cámara de Lanzarote y La Graciosa.

    El título no prometía emociones fuertes: “Impacto de la guerra comercial en la Economía Canaria”. Admitámoslo, podría sonar denso.

    Pero fue todo lo contrario. Una exposición brillante, sencilla y, sobre todo, muy útil para entender lo que viene y cómo podemos prepararnos.

    Y como en todo buen evento, lo mejor no fue solo el contenido. Fue el entorno.

    Coincidir con otros empresarios de la isla, con los que compartes propósito y visión, siempre suma. Porque al final, estamos aquí para crear, construir y hacer que las cosas pasen.

    Hay un proverbio árabe que me gusta especialmente:
    «Quien quiere, encuentra un medio. Quien no, una excusa.»

    Si tú eres de los primeros, el Club Cámara puede ser ese medio.

    En comentarios tienes el enlace. Entra. Descubre todo lo que ofrecen. Y si te encaja, actúa.