Es el camino y nada más.

Esta mañana me crucé con un viejo amigo de la universidad. Después de terminar la carrera, como suele pasar, nuestras vidas tomaron rumbos diferentes.

El mío me llevó al camino de la emprendeduría. Hoy, con la ayuda de un equipo extraordinario, gestionamos una empresa que toca los tres sectores económicos.

Ha sido un viaje lleno de retos, pero también de enormes satisfacciones.

Mi amigo, en cambio, eligió opositar. Ahora trabaja como funcionario en una administración pública de la Isla.

Y quiero decirlo claro: hace su trabajo con un nivel de profesionalidad que inspira. Incluso diría que es un ejemplo a seguir para muchos trabajadores públicos.  

Hablamos de nuestras trayectorias, de dónde estamos y cómo nos va. Y lo mejor es que ambos nos sentimos felices y orgullosos de nuestras decisiones.

Este encuentro me hizo recordar una encuesta que leí hace años. Preguntaron a los jóvenes en España qué querían ser en el futuro.

Más de la mitad respondió que aspiraban a ser funcionarios. No es  una sorpresa, la estabilidad que ofrece lo público siempre ha sido atractiva.

Sin embargo, un dato me llamó la atención. Solo una pequeña parte de los encuestados querían ser emprendedores.

Y esto es algo que se necesita cambiar. Porque si hay algo que mueve la economía, son los emprendedores. Los que apuestan, los que se la juegan, los que están dispuestos a asumir riesgos para construir algo propio.

Emprender no es un camino fácil. Es exigente, a veces agotador, y siempre incierto. Pero también es profundamente ilusionante. La sensación de ser dueño de tu vida, de tus decisiones y de tu futuro, no tiene comparación.

Y eso, amigo, no tiene precio.

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