Pagar el pato

Esta semana ocurrió algo que no debería haber pasado.

Algo que tendría que ser una obviedad, pero no lo fue. Esta semana tendrían que haber subido las pensiones. No ocurrió.

¿Por qué? Porque nuestro Gobierno no consiguió la mayoría parlamentaria necesaria para aprobarlo. Así de simple. Así de devastador.

Y, como casi siempre, los que tienen menos, los que ya cargan con lo justo y, a veces, ni eso, vuelven a ser los más golpeados por la batalla política.

Entre ellos, nuestros mayores. Aquellos que han trabajado toda su vida, que han dado más de lo que tenían y que, hoy, ven cómo sus pensiones no se revalorizan.

Por poco que fuera, habría significado algo para ellos. Un alivio. Un respiro.

Antonio Gala lo dijo una vez, con esa claridad que lo caracterizaba: «Hemos convertido la vejez en una enfermedad incurable cuyo costo es altísimo de mantener».

¿Y sabes qué? La historia le está dando la razón.

Porque no hablamos de cifras ni de presupuestos. Hablamos de dignidad. De justicia. De cuidar a quienes nos cuidaron.

Y eso, aunque parezca que algunos lo olvidan, no es negociable.

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