
Desde hace años sigo de cerca a Enrique Tomás. Si oyes su nombre por primera vez, podrías pensar que es un torero. No lo es (aunque con la energía que tiene, no me extrañaría verlo en un ruedo).
Él se define como un tendero. Yo diría que es un visionario con más hambre que un lobo en ayunas. Un empresario con instinto, olfato y, sobre todo, agallas.
Porque montar una charcutería y acabar siendo el rey del jamón a nivel mundial no es casualidad. Es talento, trabajo y una capacidad brutal para adaptarse.
Y si no lo sigues, ya estás tardando. Con él siempre se aprende.
Hoy, mientras otros se pierden en excusas, Enrique está dándole vueltas a dos retos gordos que tiene sobre la mesa:
– Las políticas de Trump y el impacto que pueden tener en su expansión en EE.UU.
– La Inteligencia Artificial china, que ha dejado obsoleta su estrategia tecnológica.
A cualquier otro empresario esto le parecería un problema. A él, un nuevo desafío.
En lugar de lamentarse, se remanga la camisa y se prepara para lidiar un nuevo toro.
Y, conociéndolo, no tengo dudas de que saldrá por la puerta grande.
Deja un comentario