
El viernes pasado, en un acto cargado de emoción, el Cabildo de Lanzarote rindió homenaje a ocho mujeres excepcionales con un galardón que no podía llevar mejor nombre: Referentes.
Desde aquí, mi enhorabuena para todas ellas.
Entre las premiadas, hubo un nombre que me tocó el corazón de manera especial: Inés Rojas de León.
La admiro profundamente. Y no es una admiración de ahora, sino de hace más de 20 años.
Durante 12 de ellos, tuve el privilegio de formar parte de su equipo. Fueron años intensos, de trabajo codo a codo, en los que descubrí a una mujer con una vocación de servicio público que roza lo sobrehumano.
Inés no sabe lo que es rendirse. Nunca lo ha sabido.
Desde pequeña, aprendió a remar contra la corriente. Porque lo fácil nunca ha sido su camino.
Verla ayer recibiendo ese premio fue una alegría inmensa.
Porque este reconocimiento no es solo un título, es un reflejo de lo que es: un faro en una isla que necesita más mujeres y hombres con la valentía de “arremangarse” y pelear por un futuro que, sin duda, va a exigir lo mejor de nosotros.
Felicidades, Inés. Felicidades, Referentes. Qué orgullo.
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