Creatividad.



Ayer lunes, en la Bodega El Grifo —donde el vino huele a siglos y las palabras a verdad—, el comunicador y publicista vasco Guille Viglione, nos recordó que la inspiración, cuando es de verdad, no se grita: se muestra.

Nos hablaba de creatividad. Pero no de la que se estudia en libros o se planifica en una pizarra. Hablaba de la que nace de la necesidad. De esa que no pide permiso.

Y ahí apareció la imagen. El Mojón (Lanzarote, años 50).

Una madre, Segunda Pérez Concepción, ayudando a su cuarto hijo a alimentarse del ubre de una cabra.

Una fotografía de 1958 que hoy decora paredes en Lanzarote, no por bonita, sino por verdadera.

Eso no es marketing.

Eso no es estética.

Eso es supervivencia.

Y de ahí nace todo lo que vale la pena.

Porque cuando no hay medios, hay que tener agallas. Y eso, al final, es la mejor definición de creatividad que conozco.

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