
Hay gente con la que uno tendría que haber coincidido mucho antes. Pero no. A veces pasan esas cosas, incluso viviendo en una isla que no llega ni a los 850 kilómetros cuadrados.
Con Fefo Nieves me crucé tarde, pero a tiempo. Y vaya suerte la mía.
Porque hablar con Fefo es escuchar a alguien que no ha perdido el hambre. Ni por saber, ni por contar lo que sabe.
Un tipo que ha recorrido mil batallas sin dejarse el alma por el camino.
Coincidimos en el entorno de Saborea Lanzarote, un espacio que, más allá de lo gastronómico, está lleno de oportunidades para reconectar con lo que somos.
Ahí descubrí al Fefo que no olvida las raíces, pero tampoco teme mirar hacia adelante. Y esa mezcla, cuando se hace con respeto y visión, genera impacto.
Esta semana presentó un libro. No uno cualquiera. Uno sobre la Cocina Tradicional de Lanzarote. Justo en vísperas del Día de Canarias.
Un regalo. De esos que no se envuelven, se abren y se saborean.
Y no lo digo yo, lo dice él, que lo ha escrito desde el corazón:
“Este proyecto nace del respeto profundo a las personas mayores, a nuestras madres, abuelas, campesinos y pescadores que, con su sabiduría, nos han dejado un recetario vivo que forma parte de nuestra identidad.”
No puedo estar más de acuerdo: el futuro se construye con innovación, sí, pero también con memoria.
Y este libro es justo eso. Un homenaje, pero también una estrategia: preservar para avanzar.
Ojalá sea el primero de muchos. Porque si algo necesitamos es recordar quiénes somos. Y qué mejor manera que hacerlo con el olor a fuego lento.
Enhorabuena, Fefo. Esto no es solo un libro. Es legado.
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