
Hace seis meses hice lo que a veces no se hace: asumir un compromiso.
Fue con Mario Luis López Isla, escritor e historiador cubano con quien coincidí —por esos caprichos del calendario— en Gran Canaria.
A Mario Luis lo conocí en Cabaiguán, Cuba profunda, allá por los años finales del siglo pasado (dicho así parece una eternidad). Corría 1998, y desde entonces nuestra amistad ha sido como las buenas novelas: no importa el tiempo ni la distancia, se abre y se lee con gusto.
Durante años, Mario Luis fue algo así como un embajador apócrifo de Canarias en Cuba: hablaba de islas mientras habitaba en otra, tejía puentes entre memorias.
Ahora vive en Icod de los Vinos, Tenerife, con su familia y con la misma pasión de siempre, aunque algo más al oeste.
Fue él quien me narró —como se narran las tragedias que duelen en carne ajena— la historia del Valbanera, ese buque naufragado en 1919 con 488 almas a bordo, muchas de ellas canarias que cruzaban el Atlántico en busca de otra vida y encontraron otra muerte.
Lo mejor de conversar con este cubano de corazón isleño es que siempre tiene algo que decir. Y lo dice bien. Con esa pausa suya de quien sabe, de quien vivió, de quien recuerda.
Hasta la próxima, Mario Luis. Que siempre haya algo que contar.
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