
Laura trabaja en una farmacia de día, y es una alquimista de olores y texturas al caer la tarde.
Se ha convertido, sin proponérselo, en una suerte de embajadora prodigiosa de nuestra marca.
Y no una embajadora cualquiera, sino una que receta belleza, entre estanterías repletas de promesas en frascos, botes y cajas.
Lo que en otros sería opinión, en ella es veredicto.
Hace unos días, Laura probó nuestro nuevo jabón sólido — el que está cambiando el verbo “asearse” por el arte de mimarse— y nos dejó esta joya aromática:
«Acabo de usar el champú sólido y vaya maravilla… hace la espuma perfecta, no reseca y no enreda, te deja un brillo espectacular. Qué decir de su aroma a frambuesa, que te envuelve en un algodón de nube que nos traslada a la infancia.»
Leerla es casi olerla. Oírla es casi tocar la espuma.
Gracias, Laura, por ponerle poesía a la higiene.
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