
Nos pasa.
Le pasó al jugador norteamericano Ben Shelton, en Roland Garros el pasado domingo, 1 junio.
Estaba jugando contra Carlos Alcaraz. Partido tenso, de esos que se juegan con el cuerpo, pero también con la cabeza.
Y de repente, Alcaraz gana un punto. Legal para todos, menos para él. Porque solo él vio la irregularidad. Nadie más. Ni el árbitro, ni el rival, ni la grada. Solo él.
Y, ¿qué hizo?
Lo devolvió.
Sí. Renunció al punto. Porque sabía que no era suyo.
Y el otro se quedó como nos quedamos todos cuando alguien hace algo así: con la cara de “esto no pasa nunca” y comentó «really?».
Qué raro nos resulta ver a alguien con principios. Qué triste que la honestidad parezca extravagancia.
Pero lo bueno es que el deporte (sobre todo el tenis) a veces nos da estas bofetadas de realidad.
Nos recuerda que aún queda gente que prefiere hacer lo correcto aunque cueste. Aunque duela. Aunque nadie lo aplauda.
Una lección que vale más que el punto. Más que el partido.
Y sí, quizás nos haga falta perder más puntos así… para no perder del todo el norte.
Deja un comentario