Adiós Presidente.

Ayer, sin previo aviso y como si al tiempo le diera por jugar a la ruleta rusa con la historia, perdimos a dos nombres mayores de la política canaria. 

No políticos, sino prohombres, palabra en desuso como el respeto entre adversarios: Manuel Hermoso Rojas y Antonio Lorenzo Martín.

Uno fue Presidente de Canarias, el otro del Cabildo de Lanzarote, y ambos —en tiempos donde gobernar no era guerrear— supieron hacer del pacto y del acuerdo un deber cívico.

Del primero, Manuel Hermoso, nos queda la imagen del político que, como funambulista del nacionalismo, logró unir lo disperso y sentarse en la silla autonómica sin caerse del alambre (1993-1999). 

Del segundo, Antonio Lorenzo, el mérito inaugural: ser el primer presidente del Cabildo de Lanzarote elegido en democracia, allá por 1979, cuando la Transición todavía olía a tinta fresca.

Hoy, mientras el consenso hace mutis por el foro y la política se disuelve en monólogos y trifulcas, el legado de ambos reluce más por contraste que por costumbre. 

Que en paz descansen dos hombres que sabían lo que era gobernar.

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