Hay visitas que no entran por la puerta, sino por el alma.

La semana pasada tuvimos una de esas en el Museo de Punta Mujeres.

Nada más y nada menos que 56 chinijos y chinijas del Colegio de Costa Teguise, con sus profes a cuestas y una energía que ni los volcanes.

Tienen solo 4 años, sí. Pero llegaron con las pilas puestas y las ganas intactas de descubrir cosas nuevas.

Y si hay alguien capaz de encenderles la chispa de la curiosidad, esa es nuestra compañera Idaira.

Les habló del aloe como quien cuenta un secreto de esos que no se olvidan nunca.

Habían hecho los deberes, sí.

Pero aquí aprendieron lo otro: lo que no cabe en los libros ni en las fichas de colores.

Aquí tocaron. Olieron. Sintieron. Aprendieron sin saber que aprendían.

Se fueron con un pequeño detalle y la foto con Aloito… y algo mucho más importante: una semilla plantada.

La del respeto por lo natural. La del valor de lo nuestro.

Nos encanta recibir visitas.

Pero lo que de verdad nos emociona es ver cómo, desde tan pequeños, aprenden a valorar este tesoro de la naturaleza.

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