Mongomo.

Hasta anoche, no tenía ni idea de dónde estaba Mongomo.

El nombre me sonaba más a plato humeante que a ciudad.

Pero hoy sé que se trata de la tercera urbe en importancia de Guinea Ecuatorial, lo cual no es poco, y que allí también hay niños, canchas de baloncesto y hombres decentes.

Me lo mostró un buen amigo, Iván Fernández, con esas fotos que a veces dicen más que cualquier discurso: niños y niñas balón en mano, jugando, aprendiendo, soñando.

Cada año, este conejero generoso viaja hasta ese rincón africano con una convicción que no sale en los periódicos: enseñar lo que vale la pena, educar desde el esfuerzo y la dignidad, acompañado por la Fundación Martínez Hermanos.

Y sí, nos emocionó ver nuestras camisetas —las de Aloe Plus Lanzarote— sobre esos cuerpos pequeños y valientes.

Era como si, por un momento, Lanzarote y Mongomo se dieran la mano en mitad de una cancha en el ecuador africano.

Quizá convenga recordar aquí lo que decía Séneca: “Allí donde hay un ser humano, hay posibilidad de hacer el bien.”

O como escribiría otro sabio menos estoico: “El que da, da dos veces, si lo hace con alegría.”

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