
La primera vez que subí a uno de sus barcos, lo gobernaba el patriarca de los Romero, don Juan Romero.
Hombre de mar y de silencios, de los que entendía que timonear no era solo cuestión de brújulas, sino de memoria y carácter.
El barco se llamaba —y sigue llamándose— Jorge Luis , porque la familia nunca permitió que se hundiera ni en el agua ni en el recuerdo.
Lo mantuvieron a flote como quien cuida una reliquia: no solo por lo que fue, sino por lo que representa. Génesis de una empresa familiar que convirtió el océano en puente, no en barrera; en camino, no en frontera.
Ayer, en Gran Canaria, Líneas Romero fue distinguida con el accesit a la Sostenible en los Premios Pymes del Año Las Palmas 2025, otorgado por las Cámaras de Comercio de Las Palmas, Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa, con el patrocinio del Banco Santander.
Un reconocimiento que no premia modas pasajeras, sino convicciones profundas: la sostenibilidad, entendida como respeto —al mar, a las personas, al porvenir de estas islas nuestras.
El legado de don Juan Romero y doña Juana Toledo sigue navegando con viento firme. A toda vela.
Enhorabuena a toda la familia de Líneas Romero.
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