
Ayer estuve en Yaiza, revisando nuestra última plantación de aloe.
Han pasado algunas semanas desde que los plantamos y ya se ven los resultados. Las plantas han enraizado.
El verde empieza a imponerse al gris. El volcán se vuelve fértil.
El picón nos recuerda algo fundamental: muchas veces, los recursos más valiosos están justo debajo de nuestros pies.
Que algo negro, áspero, surgido de las entrañas ardientes de la tierra, pueda considerarse milagroso, ya es en sí una paradoja.
El picón, como el agua, no se agradece con palabras. Se respeta. Se honra. Se bendice.
Deja un comentario