
Estos días me he llevado una de esas alegrías que te reconcilian un poco con la especie humana.
Un amigo de la infancia —compañero de mil correrías por el pueblo de Máguez— al que no veía desde hace años, anda metido en una empresa tan sencilla como heroica.
Jesús Pérez, “Susín” para los que lo conocemos desde que apenas levantábamos un palmo del suelo, se ha empeñado en reforestar una zona del pueblo.
Y no de boquilla, como hacen tantos.
Ya lleva plantados ciento cincuenta y cuatro pinos, y cada cierto tiempo, garrafa en mano, sube a regarlos él mismo, porque hasta allí no llega el agua corriente.
La historia completa está en Diario de Lanzarote: enlace.
Susín es de esos hombres que quieren dejar huella. Y no una de cemento o asfalto, sino de las que germinan y dan sombra.
Huella que obliga a pensar sobre el valor de la naturaleza y sobre lo poco que hacemos, en general, para protegerla.
Su gesto me recordó una frase atribuida a Martin Luther King: «Aun si supiera que el mundo mañana se habría de desintegrar, igual plantaría hoy un manzano».
Pues bien: Susín planta pinos, no manzanos, pero la música es la misma: la nota del hombre que planta sabiendo que quizás no verá el bosque, pero igual lo planta.
Fotografía: Adriel Perdomo.