
Con la globalización pasa lo que pasa: trae comercio, progreso, curiosidades exóticas… y también trae las viejas pestes con pasaporte nuevo.
Este fin de semana, me enteraba de que se había detectado en la isla de Tenerife la presencia de la filoxera.
Una plaga que ha devastado viñedos en todo el mundo y que ataca directamente las raíces y hojas de la vid.
Hasta hace unos días, Canarias era la última trinchera de Europa que se mantenía intacta. Ni una sola cepa tocada por ese insecto maldito.
Ahora esa frontera ha sido violada.
Esto nos daba una ventaja competitiva y un valor diferencial, especialmente en Lanzarote, donde nuestra forma de cultivo es única y produce una variedad irrepetible: la Malvasía Volcánica.
La llegada de la filoxera no es un problema menor. Puede afectar gravemente a nuestra producción, a nuestro patrimonio vitivinícola y a toda una industria que depende de él.
Por eso, es clave actuar ya: reforzar la vigilancia en fronteras, controlar la entrada de material vegetal y, sobre todo, monitorizar nuestros cultivos para que, si la plaga aparece, podamos erradicarla de inmediato.
Aquí no se trata solo de vino.
Se trata de proteger un activo estratégico, cultural y económico para Canarias y especialmente par Lanzarote.