
El 1 de septiembre, cada año, se parece mucho al 1 de enero.
Aunque el calendario insista en recordarnos que estamos en el noveno mes, la sensación es la misma: vuelta a empezar.
Septiembre llega con esa falsa calma de las despedidas largas, como si el verano fuera un viejo amigo que ya ha recogido sus cosas, pero sigue ahí, en la puerta, hablando de cualquier cosa para no marcharse.
Es tiempo de propósitos nuevos, de libretas por estrenar que todavía huelen a imprenta.
Ahora toca encarar la cuesta de septiembre, que no siempre es más corta que la de enero.
En Lanzarote, como último brindis estival, nos queda la fiesta de Nuestra Señora de Los Volcanes —la Virgen de Los Dolores—, y después, sin remedio, nos adentramos en la penúltima estación del año.
Este mes nos ofrecerá un instante único: el equilibrio exacto entre el día y la noche, que ocurrirá el 22.
Y, como regalo adicional, el 7 de septiembre la luna se teñirá de sangre en un eclipse total que merecerá ser visto.
Para los que no hemos tomado vacaciones en verano, solo queda decir ánimo: aún tenemos tres meses por delante.
Tres meses para remar, sin olvidarnos de que, tarde o temprano, el año se nos acaba siempre demasiado deprisa.