Certidumbres.

Necesitamos certidumbres.

Y no hablo de conocer de antemano la combinación ganadora de la Bonoloto, aunque tentador sería.

Me refiero a reglas del juego claras, iguales para todos, que no se cambien al capricho de intereses momentáneos.

Vivimos en una época en la que, lamentablemente, cuesta fiarse de casi nada.

Predomina el famoso “donde dije digo, digo Diego”.

En la empresa, como en la vida, hay que asumir riesgos: unas veces se acierta, otras se aprende.

Pero lo que no podemos aceptar por imposición son las inseguridades o las ambigüedades.

Podemos ser audaces, sí, pero no suicidas.

Que la audacia es un salto calculado; la locura, un empujón sin aviso.