
En Canarias —aunque con especial arraigo en Lanzarote, La Graciosa y Fuerteventura— conservamos una palabra “auténtica”, sencilla, directa, casi olvidada, pero profundamente nuestra.
Una palabra que define, como pocas, la sensatez y el buen juicio: “habeliá”.
Hoy empieza a caer en desuso, víctima del descuido lingüístico y de la prisa moderna, pero sigue siendo una joya del habla isleña.
Porque tener habeliá no es solo tener sentido común; es saber moverse por la vida con lógica, con intuición y, sobre todo, con humanidad.
Uno puede tener habeliá o carecer de ella. No hay término medio.
Y viendo el panorama, da la impresión de que cada vez abundan más los segundos: gente sin habeliá, sin fundamento, sin norte.
La televisión lo exhibe sin pudor, pero son las redes sociales las que lo proclaman a diario: el sentido común y la sensatez son dos especies en peligro de extinción.
Así que la recomendación del día es sencilla, casi un ruego: más fundamento, pero sobre todo, más habeliá.