Papas de invierno.

Me envía un amigo —agricultor de fin de semana y amante de nuestras tradiciones— unas imágenes donde se ve el cultivo de la papa en Lanzarote.

Estos días ha sembrado la papa de invierno, la que dormirá bajo el picón hasta que febrero o marzo le digan: “Ya es hora”.

La escena de los pies descalzos hundidos en la tierra negra, el arado abriendo surcos en el picón, el gesto preciso de quien sabe abrir el hoyo y colocar el plantón con respeto antiguo…

En esa escena late una forma de vida que aún resiste: la siembra tradicional de la papa lanzaroteña.

La variedad elegida es la papa red cara, importada en su día pero que encontró en Los Valles (Teguise) su hábitat idóneo. 

Los agricultores de esta zona han convertido una especie foránea en identidad local, adaptando la piel rojiza y el carácter de la papa al suelo volcánico «arenado» y al clima isleño.

Con un poco de suerte, tal vez podamos probarlas en un buen sancocho por Semana Santa

Y entonces sabrán, no solo a papa, sino a gloria.