
Hay una frase que me ha marcado desde la primera vez que la escuché: “La calidad consiste en hacer las cosas bien, incluso cuando nadie te está mirando.”
Y cuánta verdad hay en esas palabras.
La calidad no debería depender de una auditoría, de una supervisión o de un recordatorio.
Debería nacer de dentro, de esa convicción personal de que todo lo que hacemos merece hacerse bien.
Por eso, ayer me he sentí especialmente orgulloso cuando Raúl, nuestro director técnico, me contó que habíamos superado sin inconvenientes la auditoría de renovación de la certificación ISO 9001.
Demostrando que la excelencia no es cuestión de suerte, sino de constancia, compromiso y pasión por el trabajo bien hecho.
Hacerlo bien a la primera no solo ahorra tiempo; también refleja quiénes somos como equipo.
¡Enhorabuena a todos!