
Qué frase tan breve y, sin embargo, tan capaz de ponerle calmantes al corazón.
En esta época en la que todos corremos como pollos sin cabeza—devorados por la agenda, por las urgencias que nunca son importantes y por las horas que siempre faltan— hay asuntos que se quedan en el borde de la conciencia: sabemos que están ahí, esperando, reclamando atención. Y no llegamos.
Entonces aparece alguien y dice: “No te preocupes. Estoy al tanto.”
Y uno respira.
No porque el peso desaparezca —los pesos nunca desaparecen—, es porque la carga deja de apretar.
A todos esos que permanecen atentos cuando los demás miramos hacia otro lado: GRACIAS.
La vida sería bastante más áspera sin ustedes.