
Siempre me ha gustado la frase de: «algo debe tener el agua cuando la bendicen«, porque al final habla de resultados.
Al ver, hace apenas unos días, cómo Esther Cabrera era reelegida presidenta de la Asociación del Transporte Turístico de Lanzarote (ASTRATUR), la frase volvió a cobrar sentido.
No por costumbre, sino por merecimiento.
Esther ha sido pionera, pero sobre todo ha sido eficaz.
Ha puesto a la mujer en el centro de la toma de decisiones en Lanzarote desde la gestión real, la que implica riesgos, números y responsabilidad.
Desde el volante —real y simbólico— de una de las empresas de transporte más importantes de Canarias, ha conducido algo más que una empresa de guaguas: ha movido inercias.
Muchas mujeres la toman hoy como referencia porque Esther no fue excepción, fue precedente.
No debió de ser fácil. Nunca lo es.
Pero en un mundo históricamente gobernado por hombres, esta mujer de Tinajo ha demostrado, con hechos la valía y el coraje que definen a la mujer lanzaroteña.
Y eso, como el buen estilo, no se improvisa: se sostiene.