
Ayer me recordaron que, este mes, vence la calibracion de los desfibriladores que tenemos repartidos por la empresa.
Nada extraordinario.
En esta vida todo caduca, tarde o temprano.
También habrá que cambiar los electrodos de cada equipo.
Nunca hemos tenido que usarlos.
Ojalá siga siendo así.
A pesar de ello, cada cierto tiempo hacemos formaciones para que el personal sepa cómo funcionan y qué hacer si llega el momento.
Las enfermedades cardiovasculares se han convertido en una de las grandes amenazas de nuestro tiempo.
Los hospitales lo saben bien; sus pasillos, también.
Prevenir es un deber personal. Prepararse, una obligación colectiva.
Por la parte que nos toca, llevamos años preparados para intervenir.
Con una sola intención: estar listos… confiando en no tener que demostrarlo nunca.