
De viticultura sé lo justo: distinguir un vino bueno de uno que no lo es.
De algo habrán servido las catas a las que me invita el mi amigo Pedro Benasco.
He oído que ahora llega el momento de la poda.
Ese tiempo incómodo pero necesario.
El que alarga la vida de la vid, rejuvenece la planta y facilita el trabajo cuando llegue la vendimia.
Y pienso que no nos vendría mal aprender de la parra.
Pararnos, una vez al año al menos,
y podar sin miedo todo aquello que no nos deja dar lo mejor de nosotros mismos.
Luego nos preguntamos por qué no damos una buena cosecha.