
Desde hace un tiempo, PROEXCA —la entidad que impulsa la proyección exterior de las empresas de Canarias— está haciendo algo que, desde un punto de vista empresarial, tiene mucho sentido.
Ha incorporado en sus ayudas a la internacionalización convocatorias diferenciadas para las islas no capitalinas, esas que todavía algunos llaman periféricas, sin entender bien lo que implica operar desde ellas.
La realidad es sencilla: no se compite en igualdad de condiciones.
Las islas con mayor tamaño económico, mejores conexiones y más masa empresarial parten con ventaja.
Las otras, además de enfrentarse a los mismos retos que cualquier empresa que quiere salir fuera, soportan el sobrecoste estructural de la doble insularidad.
Y eso no es un relato: es una cuenta de resultados.
Diferenciar no es privilegiar. Es ajustar el punto de partida para que la competencia sea real.
Si queremos que más empresas de todas las islas se internacionalicen, hay que asumir que no todas arrancan desde la misma línea.
La iniciativa es acertada. Y sería razonable que otras instituciones tomaran nota y diseñaran líneas específicas para las mal llamadas islas menores.
Porque la equidad económica no consiste en repartir igual, sino en corregir desventajas estructurales.
Tal vez entonces las mal llamadas islas menores descubran que lo único menor era la mirada con que se las observaba.