
Mantener a flote un proyecto periodístico durante diez años, y hacerlo en un lugar como Canarias, no es poca cosa.
En un mundo que mastica y escupe medios a la velocidad con la que cambian las mareas, eso es ya motivo de respeto.
Y si el medio, además, se atreve a navegar por las aguas serias y a menudo procelosas de la economía, el mérito se multiplica.
Por eso, mi enhorabuena a Antonio Salazar que cada mes nos entrega una ventana abierta —y bien orientada— a la realidad económica de estas islas.
La gaveta que abrimos puntualmente a primeros de mes no guarda papeles polvorientos ni retórica hueca: contiene análisis, datos y reflexiones que ayudan, y mucho, a construir conciencia de región.
Conocí a su director hace unos años, en una visita a Lanzarote.
Hombre de palabra fácil, lucidez templada en mil lecturas y un interés genuino por saber.
Esa mezcla —curiosidad, claridad y firmeza— es la misma que define su obra: La Gaveta Económica de Canarias.