Hasta siempre Comandante.

Nos dejó Juan Antonio de la Hoz.

Le quedaba poco para retirarse de su verdadera vocación  —que no era un empleo, sino un destino—: la enseñanza.

Nunca me dio clases, pero conozco a muchos de sus alumnos.

Todos coinciden en lo mismo: tenía el raro don de conectar con los jóvenes. Los escuchaba, los entendía, y ellos le respondían con respeto y afecto. Jamás les dio la espalda.

La última vez que lo vi fue en Guatiza, en el Taiga, celebrando con sus paisanos el Día de Canarias. 

Un amigo común, el escritor cubano Mario Luis López Isla, me pidió que lo ayudara a encontrarlo. Lo hallamos en la plaza, y entre saludos, risas y viejas historias pasamos la tarde.

Su simpatía por Cuba y su admiración por sus gentes me hicieron llamarle “Comandante”. 

El título no era gratuito; era un guiño, un homenaje a esos héroes revolucionarios que él reverenciaba.

No solo hemos perdido a un maestro. Hemos perdido a un revolucionario de los que llevaban la batalla a la escuela, a la política y a la vida.

Descansa en paz Juan Antonio… Hasta la victoria siempre.