Está ahí, en el borde mismo de la luz: a punto de salir, a punto de decir “aquí estoy”.
Es distinta.
Es femenina.
Y, sobre todo, es genuina.
Tenemos unas ganas —unas ganas enormes, casi insolentes—
de que la pruebes.
Porque hay cosas que no se cuentan.
Se descubren.