Embotellado.

Cuando llega el momento de embotellar nuestra cerveza, sabemos que el producto ha sobrevivido a su más intensa travesía: la fermentación. 

Pero la historia no termina ahí. 

Al cerrar el envase, la carbonatación toma el relevo, y en nuestra cerveza este fenómeno se produce de manera natural. 

Sin artificios ni atajos.

Después, sólo queda tener paciencia. 

¿El resultado?

Una cerveza suave, equilibrada  y fiel al espíritu auténticamente artesanal.