
Hoy no es un día cualquiera.
Es 1 de mayo. Y si me lo permite, quiero hablarle a usted.
Sí, a usted.
El que madruga. El que aguanta. El que resuelve. El que empuja.
Usted, que cumple su jornada aunque le apriete el zapato, aunque el jefe no mire, aunque el cuerpo le pida quedarse en casa.
El que, sin medallas ni aplausos, hace lo que hay que hacer.
Y más.
No por reconocimiento, sino por responsabilidad.
Y eso, amigo mío, se llama dignidad.
Este día no es un adorno en el calendario.
Es un recordatorio firme y necesario: este mundo lo sostienen quienes empujan desde abajo.
Así que gracias.
Por seguir adelante cuando nadie aplaude.
Por no rendirse cuando todo cuesta.
Por ser parte de esta España que calla, pero cumple.
Gracias por ser uno de esos héroes invisibles de los que nadie habla, pero todos necesitamos.
Feliz Día del Trabajador.
El mundo necesita más gente como usted.









