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  • Garajes.

    Ese sitio donde tiramos trastos que ya casi ni miramos.

    Ese rincón polvoriento.

    Ese garaje que parece muerto… es, paradójicamente, una fuente de inspiración.

    En Lanzarote, por cómo son nuestras casas terreras, es fácil encontrar uno en cada hogar. 

    Para algunos es solo un hueco para aparcar o guardar cajas. Para otros, un escape. 

    En espacios así, diáfanos como una página en blanco, han nacido historias.

    Como la nuestra… la del grupo Aloe.

    Era un garaje de treinta metros cuadrados. Nada más y nada menos.

    El día que lo vi me pareció una catedral.

    No sé qué uso tendrá ahora.

    No sé si guarda coches o fantasmas.

    Lo que si sé es que, de cuando en cuando, regreso al barrio de Maneje, en Arrecife, a mirar, a oler, a tocar con los ojos el lugar donde empezó to​do.

  • El olivo.

    En mi casa tengo un olivo.  

    Me gusta detenerme a mirarlo cada mañana.

    Da una extraña seguridad pensar que, mientras el mundo se tambalea, ese tronco nudoso sigue ahí, inmóvil, desafiando al calendario. 

    No sé dónde germinó por primera vez ni en qué pedazo de tierra hundió sus raíces; pero puedo imaginarlo resistiendo sequías implacables, fuegos caprichosos o tormentas que a otros habrían tumbado. 

    Sin embargo, sigue firme: áspero, robusto, arrugado como la piel de un veterano que ha sobrevivido a demasiadas batallas.

    Lo compré en Fuerteventura. Allí sobrevivía por instinto vegetal.

    Alguien escribió en su día que «el olivo es el árbol que nunca muere» y seguro que tenía razón.

    Contemplarlo cada mañana es una lección silenciosa de paciencia, resistencia y dignidad

  • Algo está cambiando.

    Es un gustazo ver cómo, poco a poco, españoles se sientan en las mesas donde se corta el bacalao en las grandes multinacionales.

    Esta mañana nos hemos desayunado con la noticia de que Juvencio Maeztu es el nuevo CEO del gigante IKEA.

    Y no es un caso aislado.

    Es la prueba de que tenemos una hornada de directivos empresariales que juegan en Champions.

    El lenguaje del fútbol lo explica mejor: en el once ideal del mejor equipo del mundo ya tenemos varios cracks con DNI español.

    Ramón Laguarta manda en PepsiCo.

    Joaquín Duato dirige Johnson & Johnson.

    José Muñoz está al frente de Hyundai… y podríamos seguir llenando la alineación con figuras que mandan más que muchos gobiernos.

    En la empresa, España ya es potencia mundial.

    Ojalá en otros campos dejemos de jugar al pase atrás o al patadón y empecemos a ir a por el gol.por el gol.

  • Tierras de fuego.

    Aunque uno haya nacido en secano y lo más verde que hayamos tenido sea el bosquecillo —ese suspiro de árbustos en la montaña de Haría—, no deja de doler ver los incendios que se comen España. 

    Duele imaginar a quienes tienen que dejar atrás su casa, sus recuerdos, sus cosas.

    Duele más —mucho más— pensar en los que pierden a un ser querido, tragado por el fuego.

    Eso no se olvida.

    No se cura.

    Desde esta isla, tierra también de fuego, va un abrazo solidario y toda la suerte del mundo para los que pelean contra las llamas.

  • Los manzanos de Susín.

    Estos días me he llevado una de esas alegrías que te reconcilian un poco con la especie humana.

    Un amigo de la infancia —compañero de mil correrías por el pueblo de Máguez— al que no veía desde hace años, anda metido en una empresa tan sencilla como heroica.

    Jesús Pérez, “Susín” para los que lo conocemos desde que apenas levantábamos un palmo del suelo, se ha empeñado en reforestar una zona del pueblo.

    Y no de boquilla, como hacen tantos.

    Ya lleva plantados ciento cincuenta y cuatro pinos, y cada cierto tiempo, garrafa en mano, sube a regarlos él mismo, porque hasta allí no llega el agua corriente.

    La historia completa está en Diario de Lanzarote: enlace.

    Susín es de esos hombres que quieren dejar huella. Y no una de cemento o asfalto, sino de las que germinan y dan sombra.

    Huella que obliga a pensar sobre el valor de la naturaleza y sobre lo poco que hacemos, en general, para protegerla.

    Su gesto me recordó una frase atribuida a Martin Luther King: «Aun si supiera que el mundo mañana se habría de desintegrar, igual plantaría hoy un manzano».

    Pues bien:  Susín planta pinos, no manzanos, pero la música es la misma: la nota del hombre que planta sabiendo que quizás no verá el bosque, pero igual lo planta.

    Fotografía: Adriel Perdomo.

  • Ya está aqui.

    Con la globalización pasa lo que pasa: trae comercio, progreso, curiosidades exóticas… y también trae las viejas pestes con pasaporte nuevo.

    Este fin de semana, me enteraba de que se había detectado en la isla de Tenerife la presencia de la filoxera.

    Una plaga que ha devastado viñedos en todo el mundo y que ataca directamente las raíces y hojas de la vid.

    Hasta hace unos días, Canarias era la última trinchera de Europa que se mantenía intacta. Ni una sola cepa tocada por ese insecto maldito.

    Ahora esa frontera ha sido violada.

    Esto nos daba una ventaja competitiva y un valor diferencial, especialmente en Lanzarote, donde nuestra forma de cultivo es única y produce una variedad irrepetible: la Malvasía Volcánica.

    La llegada de la filoxera no es un problema menor. Puede afectar gravemente a nuestra producción, a nuestro patrimonio vitivinícola y a toda una industria que depende de él.

    Por eso, es clave actuar ya: reforzar la vigilancia en fronteras, controlar la entrada de material vegetal y, sobre todo, monitorizar nuestros cultivos para que, si la plaga aparece, podamos erradicarla de inmediato.

    Aquí no se trata solo de vino.

    Se trata de proteger un activo estratégico, cultural y económico para Canarias y especialmente par Lanzarote.

  • Señales

    Esta mañana, mientras hacía mi caminata diaria por Puerto del Carmen, me topé con una señal.

    No crean que fue fácil verla: estaba oculta, como un secreto mal guardado, tras la sombra espesa de un flamboyán que parecía empeñado en mantenerla fuera de la vista.

    Indicaba, con ese gesto autoritario que tienen las señales, que había que ir hacia la izquierda.

    Obligatorio.

    Uno diría que es pura cuestión de tráfico, pero conociendo a Pepe Juan, alcalde socialista de la localidad y viejo zorro de la política, uno empieza a sospechar si no habrá algo de mensaje subliminal en el asunto.

    El caso es que aquel disco metálico escondido me hizo pensar.

    Cuántas señales, advertencias o mensajes tenemos delante de las narices y ni los vemos.

    No hablo sólo de tráfico, sino de la vida misma: oportunidades que dejamos pasar, avisos de peligro que ignoramos, caminos que no tomamos porque no levantamos la vista del suelo.

    Así que, aunque estemos en verano y el sol nos amodorra la vista, valdría la pena mantener los ojos bien abiertos.

    No vaya a ser que la próxima señal que ignoremos sea la que podría habernos ahorrado un problema… o regalado una aventura.

  • Una cuestión de celos.

    Empieza agosto.

    Treinta y un días por delante que, año tras año, se llevan el título de los más vacacionales del calendario.

    En Lanzarote y La Graciosa el turismo lo llena todo: playas abarrotadas, terrazas repletas, hoteles sin camas libres.

    Lo curioso es que, aunque hay más gente, el gasto no acompaña. El bolsillo aprieta incluso cuando el sol afloja.

    Pero hoy no quiero hablar de turistas ni de consumo. Quiero hablar de celos.

    Porque agosto, aunque no lo parezca, nació de un ataque de celos.

    El octavo mes del calendario debe su nombre al emperador romano Octavio Augusto. Su tío, Julio César, ya había inmortalizado el suyo en julio.

    Y Augusto, que de poder iba sobrado pero que carecía de modestia, decidió que él también merecía su propio espacio en el almanaque.

    Celos imperiales, pura competencia familiar.

    Así que cada vez que el calendario marca agosto, no vemos días, vemos celos: treinta y uno, para ser exactos.

  • Motivación

    Tener a la gente motivada no es un lujo: es una necesidad.

    Y la motivación real no se impone, se inspira.

    En eso, Cova Bertrand marca la diferencia. Líder nata, emprendedora incansable, de esas personas que no esperan a que las cosas cambien: las cambian ellas mismas.

    Siempre construyendo, siempre aportando valor.

    Y para quienes aún crean que la motivación no se puede ver, aquí va una prueba: dos compañeras de nuestras tiendas en Tenerife (Vanesa y Sara), con una sonrisa que dice más que mil discursos, sosteniendo su diploma de aptitud con el orgullo de quien sabe que está en el camino correcto.

    Esto no va solo de formación. Va de actitud, de propósito y de futuro.

  • Milagro de la naturaleza.

    Ayer estuve en Yaiza, revisando nuestra última plantación de aloe.

    Han pasado algunas semanas desde que los plantamos y ya se ven los resultados. Las plantas han enraizado.

    El verde empieza a imponerse al gris. El volcán se vuelve fértil.

    El picón nos recuerda algo fundamental: muchas veces, los recursos más valiosos están justo debajo de nuestros pies.

    Que algo negro, áspero, surgido de las entrañas ardientes de la tierra, pueda considerarse milagroso, ya es en sí una paradoja​.

    El picón, como el agua, no se agradece con palabras. Se respeta. Se honra. Se bendice.