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  • ONU Turismo

    ¿Y Canarias, qué?

    Acabo de leer en Tourinews que el Gobierno de España va a pedir que Euskadi y Cataluña entren como miembros asociados de la ONU Turismo. Estupendo.

    De verdad. Bravo por ellos. Es un notición y se lo han ganado.

    Ahora bien.
    La pregunta que quema es otra:
    ¿Por qué no se ha pedido lo mismo para Canarias?

    Canarias no es “un destino más”.
    Es una potencia turística mundial.


    Este año el archipiélago puede rozar los 18 millones de turistas, apenas un millón menos que Cataluña… y unos 14 millones más que Euskadi.

    Un lugar que mueve esas cifras no es un actor secundario: es protagonista, es escaparate y es motor económico de medio continente.

    Nuestros vecinos de Madeira ya son miembros asociados de esta organización. Madeira, con algo más de 2 millones de turistas al año, está dentro porque su gobierno así lo quiso. Y me parece perfecto.

    Pero entonces, ¿qué pasa con Canarias? ¿En qué momento hemos decidido conformarnos con menos de lo que corresponde por peso real en el mapa turístico del mundo?

    Porque no es solo cuestión de números.

    Es la planta alojativa.
    Es la oferta cultural y de ocio.
    Es una gastronomía que cada vez colecciona más premios y reconocimientos.
    Es el talento de la gente que sostiene todo esto, temporada tras temporada, crisis tras crisis.

    Motivos sobran para que Canarias sea un miembro más de la ONU Turismo.

    No queremos favores, queremos jugar en la liga que nos corresponde.

  • Navidad.

    Desde hace unos años hemos decidido celebrar la Navidad donde realmente se entiende lo que somos: en nuestra propia casa. 

    Entre paredes que conocen nuestras dudas, nuestros errores y nuestras pequeñas victorias diarias. 

    No hay mejor escenario para compartir un rato distendido que el lugar donde, cada día, nos ganamos el futuro.

    El punto de encuentro no es casual.

    Es donde la materia se transforma, donde el trabajo silencioso de muchas manos se convierte en productos que hablan de nuestra tierra y de nuestra manera de estar en el mundo. 

    Este año, que está a punto de acabar, cumplimos 18. La mayoría de edad. No solo en años, también en cicatrices y aprendizajes. 

    Hemos pasado de ser un proyecto ilusionado a una empresa adulta. 

    Hemos aprendido a aguantar golpes, a adaptarnos cuando el entorno cambia y a no dejar de creer en lo que hacemos.

    Sin embargo, lo mejor de este camino no son las fechas ni las cifras. Lo mejor ha sido la gente. 

    El equipo humano que ha estado ahí, turno tras turno, día tras día. Ese tesoro invisible que no sale en las etiquetas ni en los folletos, pero que sostiene la casa entera. 

    Gracias a ellos sabemos que, mientras sigamos juntos, siempre habrá un motivo para brindar y un horizonte al que avanzar.

  • Como sabemos que disfrutas descubriendo las cosas nuevas que estamos haciendo en Aloe Plus Lanzarote, prepárate.

    Nuestra ginebra va a cambiar el concepto tradicional del gin tonic.

    Se llama Aloe Gin y nace con un objetivo muy simple: romper la rutina y darle al paladar una frescura que no veía venir.

    No es “otra ginebra”.Es una ginebra con aloe. Con nuestro aloe ecológico. Del cultivo a la botella, sin rodeos.

    Naturaleza convertida en una experiencia líquida.

    Suave. Aromática. Con personalidad.

    De momento sólo está disponible en nuestro museo de Yaiza y pronto en el de Punta Mujeres.

    Exclusiva. Limitada. Y diseñada para sorprender.

    Cuando la pruebes, vas a entender por qué no podíamos esperar más para presentarla.

  • Gacelas.

    Hace unos días me acordé de un libro que leí hace tiempo de Arianna Huffington. La mujer que fundó el Huffington Post. 

    En ese libro hay una metáfora que se me quedó clavada como un post-it mental.
    De esos que no se despegan aunque quieras.

    Dice algo así:

    En la sabana, un león detecta a un grupo de gacelas tranquilas, pastando bajo el sol. El felino se lanza, y la estampida es inmediata: pezuñas golpeando la tierra, polvo en el aire, vida y muerte separadas por un suspiro.

    Finalmente el león derriba a una de ellas —la más lenta, la más distraída, la que tuvo la mala suerte de estar donde no debía— y mientras afila los colmillos para su festín, las demás gacelas dejan de correr y vuelven a pastar

    Ya está… dejan de correr y se detienen.
    Sin terapia.
    Sin darle vueltas.
    Sin arrastrar el susto durante tres meses (o tres años).

    Nosotros no.
    Nosotros seguiriamos corriendo aunque el león esté durmiendo la siesta en otra parte.


    Vivimos con el miedo en el cuello, con la mente en alerta, con el cuerpo en tensión constante.
    Nos agotamos solos.

    Igual toca aprender algo de esas gacelas.
    Parar.
    Respirar.
    Volver a poner la boca en la hierba —o en lo que toque en tu vida— y disfrutar.
    Sin tanto drama.

    Tal vez lo más valiente no sea correr más.

    Tal vez lo más valiente sea detenerse.

  • Busco trabajo.

    Hay empresarios buscando empleados. Y miles de personas buscando trabajo.
    Y no se encuentran.

    Ayer escuché a un ​amigo decir: “cada vez cuesta más encontrar gente que quiera currar”.

    No lo dijo con rabia. Lo dijo con resignación. Como quien ya se cansó de repetirlo.

    En Lanzarote hay más de 12.000 desempleados.

    ¿De verdad nadie ve el absurdo?

    Negocios cerrando antes. Horarios recortados. “No hay personal”.

    O el sistema está roto…
    o está montado para que siga sin funcionar.

    No lo sé con certeza.

    ​Pero si queremos que algo cambie… tendrá que doler.


    Habrá que mover ​ficha, revisar incentivos, dejar excusas y empezar a exigir más, a todos.

  • La higuera de Tremesana.

    Estos días vine a descubrir la higuera de Tremesana.

    Una joya botánica poco conocida pero extraordinaria. 

    No es un árbol más: forma parte del selecto catálogo de apenas 150 ejemplares singulares repartidos por toda la Macaronesia, lo que ya nos habla de su rareza y valor.

    Ubicada en pleno corazón del Parque Nacional de Timanfaya, esta higuera es un ejemplo casi improbable de supervivencia. 

    Crece donde la lógica dice que no debería crecer: en un paisaje volcánico árido, duro, de tierras negras y calcinadas.

    Lo fascinante es que, pese a ese entorno hostil, no sólo prosperó, sino que alimentó generaciones. 

    Cuentan que en tiempos de escasez sus frutos llenaron la despensa de muchas familias isleñas.

    Una prueba de que la resiliencia, a veces, crece en los lugares más inesperados. 

  • Viva Santa Bárbara!!

    Para quienes la hemos tenido como Patrona, Santa Bárbara es la primera luz que abre diciembre.

    Muchos sólo recuerdan su nombre cuando el cielo gruñe y se abren los tambores del trueno.

    Otros —los mineros y bomberos— le rezan con el respeto del que sabe que una chispa puede ser vida o muerte.

    Y los que crecimos en Máguez la honramos cada 4 de diciembre, estemos donde estemos, porque este pueblo nos enseñó a hacerlo.

    Por eso, con la memoria encendida y el orgullo en la voz, no queda más que decirlo como se debe:

    ¡Viva Santa Bárbara!

  • Biosphere.

    Aloe Plus Lanzarote ha dado un salto.

    Ha logrado algo grande.

    Desde hoy contamos con la certificación Biosphere.

    Un sello internacional que sólo obtienen las empresas que de verdad aplican prácticas responsables, alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

    En esta travesía no hemos navegado solos.

    La Federación Turística de Lanzarote ha sido brújula y viento, compañía atenta en el arte de convertir la sostenibilidad en rutina.

    Cuando se rema al unísono, la corriente siempre es favorable.

    Con este reconocimiento, el Grupo Aloe se afirma como referente sostenible en la Isla y contribuye al empeño colectivo de perfilar a Lanzarote como un destino que no sólo es bello: también es consciente, innovador y responsable.

    Y porque los logros, como los buenos relatos, tienen protagonistas, damos las gracias dos miembros de nuestro equipo que han sido claves para la obtención del citado galardón: Cristina Guillén y Raúl Caraballo.

  • Más sobre ADISLAN.

    Hoy, 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad​ hemos participa​do en el Encuentro de Empresas por la Inclusión Sociolaboral organizado por ADISLAN. 

    Fue una oportunidad para compartir experiencias que ya están generando impacto real en la isla.

    En Aloe Plus Lanzarote, nuestro vínculo con el territorio nos obliga a devolver valor a la sociedad. 

    Y lo hacemos donde podemos transformar: en la forma de trabajar, formar y construir cultura. 

    Para nosotros, la inclusión es gestión de talento y coherencia con la isla.

    Nuestra alianza con ADISLAN nos ha permitido crear puestos reales y demostrar, con ejemplos como el de María del Mar —pieza clave desde 2017—, que la inclusión funciona cuando el talento está bien ubicado y cuenta con apoyos adecuados.

    Gracias a ADISLAN, por el acompañamiento técnico y humano que ha hecho posible este recorrido; a María del Mar, por su ejemplo diario de profesionalidad y actitud, y por supuesto, a todo el equipo d​el grupo Aloe, por sostener una cultura que abre puertas y convierte propósito en resultados.

    Porque la inclusión no solo es justicia: es talento, oportunidades y futuro para todos 💚

  • ADISLAN.

    Desde hace muchos años mantenemos una colaboración constante con ADISLAN ( Asociación de Personas con Discapacidad de Lanzarote).

    De esa relación nació la incorporación a nuestra plantilla de una compañera cuya labor, créanme, sostiene más de lo que a veces se ve.

    Cuando se toma unas vacaciones, la ausencia se nota. No solo en el trabajo diario, sino en ese silencioso equilibrio que ciertas personas aportan sin proponérselo.

    Tal vez por eso, cada vez que un grupo de jóvenes de la Asociación viene a vernos y cruzan nuestras puertas para conocer la empresa, los recibimos con la misma ilusión con la que se espera a alguien importante. 

    Porque lo son. Porque nos recuerdan lo que realmente importa.

    Gracias por hacernos sentir bien. 

    Y, sobre todo, por recordarnos por qué merece la pena seguir intentando hacer las cosas como se deben.