
Hay una pregunta que cambia vidas.
Y empresas.
Y, de vez en cuando, hasta una isla.
Es una pregunta sencilla.
¿Por qué no?
¿Por qué no cultivar donde otros solo veían un destino turístico?
¿Por qué no transformar aquí lo que nace aquí?
¿Por qué no demostrar que Lanzarote puede vivir también de lo que produce y no solo de lo que recibe?
Estos días se ha presentado oficialmente la Asociación de Agroproductores de Lanzarote.
Pero esta historia empezó mucho antes.
Empezó el día en que un grupo de personas decidió dejar de buscar excusas y empezó a buscar soluciones.
Son agricultores.
Salineros.
Elaboradores.
Empresarios.
Personas que un día se liaron la manta a la cabeza cuando parecía mucho más fácil dedicarse a cualquier otra cosa.
Mientras muchos miraban al turismo como el único camino, ellos decidieron abrir otro.
Porque llevar Lanzarote en la sangre también significa cuidar su tierra, transformar sus productos y defender aquello que nos hace diferentes.
Hoy ya no son proyectos aislados.
Son un movimiento.
Son quienes han conseguido que producir en Lanzarote deje de ser una excepción para convertirse en un motivo de orgullo.
Y eso empezó como empiezan casi todas las cosas importantes.
Con una pregunta.
¿Por qué no?